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CASO POSADAS TERCERA Y ULTIMA PARTE HOMICIDIO PREMEDITADO O ¿CRIMEN DE ESTADO?

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Al paso del tiempo y con lamentable obsesión de políticos locales, principalmente por el fanatismo del religioso Juan Sandoval Íñiguez, a quien no le desagradaba que sus amigos le llamaran “Juan XXIV”, (se aproximaba el retiro del Papa Juan Pablo II), la extraordinaria investigación realizada por la PGR (hoy Fiscalía General de la República) en menos de un mes, averiguación de la que surgió la hipótesis mejor fundamentada en pruebas y solamente pruebas, (El Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo fue victimado en medio de un tiroteo entre bandas de narcotraficantes), fue ridiculizada y combatida inútilmente hasta ahora.

El gobierno del estado de Jalisco publicó su versión y posición oficial respecto a la investigación del homicidio del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, agradeciendo a “los pastores de la Iglesia Católica” su interés y participación en el estudio de las constancias “para conocer la verdad”.

Y, enfatizó que la “investigación de la PGR fue precipitada, deficiente, manipulada, y orientada desde el principio para imponer la tesis de la confusión”.

Agregó que un grupo interinstitucional concluyó que “efectivamente, el ataque en contra del Cardenal fue directo, a corta distancia y su vehículo no quedó en medio de dos grupos que se dispararan”.

Sostuvo lamentablemente que “a pesar de que los gatilleros de Ramón y Javier Arellano Félix y los de”El Chapo” Guzmán coincidieron en el aeropuerto, NO HUBO NINGÚN VERDADERO ENFRENTAMIENTO” (¿?).

Además, que la banda del Barrio Logan, (contratada en Estados Unidos para asesinar a “El Chapo” Guzmán), “se encontraba desarmada en un avión o en aerocar cuando sucedieron los hechos”. (¿?)..

Y la más absurda conclusión del gobierno del estado de Jalisco: “Fue un homicidio premeditado para atentar específicamente contra la vida del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, haciendo coincidir a dos grupos de narcotraficantes para provocar un enfrentamiento y en medio de la confusión, CON UN TERCER GRUPO, dar muerte al religioso”. (¿Entonces SI HUBO ENFRENTAMIENTO?).

El gobierno jalisciense volvió a insistir en que “en el aeropuerto alguien hizo coincidir a las bandas de narcotraficantes de “El Chapo” Guzmán y los Arellano Félix, en tanto que un tercer grupo ejecutor dio muerte al Cardenal Posadas, generándose DESPUÉS la confusión”.

Lo que no pensaron los redactores del documento sobre la posición del gobierno de Jalisco, fue que tenía grandes contradicciones… Por ejemplo, si se contrató a la banda Logan para el enfrentamiento distractor (que supuestamente no hubo), ¿Qué caso tenía que esos matones, desarmados, se mantuvieran en el avión que partiría hacia Tijuana, “cuando sucedieron los hechos”?

En las pocas verdades que contiene el documento oficial jalisciense, destaca el párrafo que se refiere (página 74), a la declaración del capitán Humberto Montenegro: “Es importante señalar que gente de Guzmán o de Amado Carrillo, así como gente de los Arellano Félix, ambas bandas se vigilaban, ambas se vieron mezcladas, infiltradas, como se dice vulgarmente “bateaban de los dos lados”, entre ellos algunos individuos se pasaban datos, se daban información y contrainformación”.

Sobre todo enfatizaban las autoridades de Jalisco que de ninguna manera pudieron confundir los criminales a “El Chapo” Guzmán con el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, eran personas muy diferentes… Confusión que jamás expresó la PGR en aquellos primeros 30 días de investigación, cuando fueron arrestadas cerca de 50 sospechosos y presuntos responsables, además del decomiso de un arsenal asombroso y muchísimas “casas de seguridad”, dotadas de blindaje y equipos electrónicos de última generación, para cuestiones de alarma antipolicial y espionaje en general, así como gran cantidad de autos blindados.

También se equivocaron el gobierno de Jalisco y el religioso Juan Sandoval Íñiguez al dar por cierto el hurto de “un sobre amarillo tipo oficio, que fue sacado de la cajuela entreabierta del Grand Marquis blanco, donde yacían los cuerpos del Cardenal Posadas y el de su chofer”.

Ya en las invenciones de los investigadores partidarios de Sandoval, el sobre amarillo se transformó en “el portafolios de Posadas, donde traía las pruebas que involucraban al presidente Carlos Salinas de Gortari con narcotraficantes”.

Obviamente, el rumor fue desmentido con pruebas: El portafolios del Cardenal Posadas estaba en su domicilio, no lo llevó al aeropuerto y jamás contuvo “documentos comprometedores”.

La religiosa Felisa Sánchez, quien trabajó al servicio de Posadas durante diez años, declaró oficialmente la verdad y ella misma dio toda clase de detalles sobre el lugar donde Posadas depositaba sus portafolios, donde lo guardaba, etc.

Criminalmente, el religioso Sandoval Íñiguez fue a Roma, dicen que en su ambición porque el Papa Juan Pablo II “lo tomara en cuenta a la hora de la sustitución” y dijo el ambicioso individuo que “el asesino del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo estuvo siempre en casa, pues desde la Procuraduría General de la República se ordenó el asesinato del prelado ya que éste contaba con documentación que comprometía a Carlos y Raúl Salinas de Gortari, involucrados en el narcotráfico”.

Sandoval Íñiguez entregó un documento para “comprobar que fue un crimen de Estado” y que entre los presuntos responsables de haber ejecutado y orquestado una confusión por la balacera llevada a cabo entre dos grupos de narcotraficantes, (¿No que no hubo tal tiroteo?), en el aeropuerto de la ciudad de Guadalajara, aquel 24 de mayo de 1993, se encontraban el exfiscal antidrogas, general Jesús Gutiérrez Rebollo y Jorge Carrillo Olea.

Un diario italiano señaló en su oportunidad (Junio de 2001), que el documento firmado por Sandoval advertía que un alto oficial antinarcóticos, “que no había sido identificado” (¿?), fue quien convocó a los grupos de narcos en el aeropuerto de Guadajalara donde se enfrentaron, (aquí contradijo Sandoval al gobierno de Jalisco, que afirmó en sus conclusiones que no hubo enfrentamiento), y en medio quedó el cuerpo sin vida del Cardenal Posadas.

Y de nuevo la “burra al trigo”: el primero de los grupos delictivos identificados “habría cumplido con el homicidio, el segundo habría cubierto a los sicarios y el tercer grupo aisló la zona”. Uff.

Por cierto que en el año 2001, el secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, se pronunció contra la formación de una “Comisión de la Verdad”—táctica subversiva que funciona para hacer creer a la sociedad que los gobiernos mienten—en el caso Posadas, pues se debe dejar en manos del Congreso de la Unión y de las instituciones de la República, lo que pueda darse en materia de deslinde de responsabilidades, “no en un grupo o en una camarilla que quiera obtener beneficios a través de una cacería de brujas o de la venganza de tipo particular o personal”.

Negó que las supuestas revelaciones de Sandoval en el Vaticano hubiesen afectado la relación entre el Estado y la Iglesia, y según información del reportero José Luis Palacios, del periódico El Gráfico, “en el caso Posadas o en cualquier otro de interés que pudiera llegar hasta sus últimas consecuencias, el gobierno de la República sería el primero en dar el paso para que se llevara a cabo el deslinde de responsabilidades y eventualmente se aplicarían las sanciones correspondientes”.

Se tienen las instituciones como la Procuraduría General de la República, el Congreso de la Unión, los recursos del Poder Judicial de la Federación hasta los tribunales que permiten deslindar las responsabilidades por conductas ilícitas del pasado.

“Yo no creo en cacería de brujas. Yo no creo en venganzas, menos de tipo particular o de índole personal, esas cuando se han llevado a cabo en nuestro país han traído discordia, confrontación, luchas y violencia”, aseguró el secretario de Gobernación.

Cabe mencionar que el 26 de enero del año 2,000, cuando creía que “no estaba obligado a declarar ante el Ministerio Público”, Juan Sandoval Iñiguez fue invitado a colaborar y no tuvo más remedio que ir…

Se identificó con credencial para votar y quedó asentado su nombre, tener 66 años, soltero, católico, originario de Yahualica, Jalisco, en donde nació el día 28 de marzo de 1933 y ser arzobispo de Guadajalara, Jalisco.

“Diga si sabe quién es el responsable de la muerte del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo”…le indicaron.

–No sé quiénes son los autores materiales ni en concreto sé quiénes son los autores intelectuales—contestó.

“Diga entonces por qué ha manifestado en los medios de comunicación que en la Procuraduría General de la República se encubre a los responsables del homicidio, quienes, a decir de usted, son “peces gordos”…

–Sí, sí lo he declarado, fueron “peces gordos” sin saber quiénes fueron, se deduce del operativo que hubo en el aeropuerto, que es un lugar federal, donde siempre hay autoridades de diversas clases, y en relación a que ha habido encubrimiento por las irregularidades que ha habido en la investigación, no nada más en la Comisión Interinstitucional, sino desde hace años a lo largo de toda la investigación–, dijo.

O sea que Sandoval deducía que fueron “peces gordos” los que fueron encubiertos por el hecho de que en el aeropuerto “siempre hay autoridades de diversas clases” y sostenía que en tal encubrimiento incurrió la Comisión Interinstitucional de la que él mismo formó parte, así como el Congreso y el gobierno jaliscienses y a través de los obispos de Chihuahua y Cuernavaca, informó oportunamente el diarista Carlos Marín Martínez, del diario Milenio.

Y todavía destacó que lo deslumbrantemente “zafado” de la tesis del cardenal Sandoval y sus acólitos es que quisieron imponer la idea de que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari logró que dos bandas enemigas se enfrentaran en el aeropuerto justo en el momento en que llegara el Cardenal Posadas Ocampo.

En plena balacera “coló” un tercer grupo que con el mayor aplomo se dirigió al coche del purpurado para asesinarlo, “en ese cuento de niños aficionados a las caricaturas fundamentó Sandoval su afirmación de que el de su predecesor fue un crimen de Estado”.

El tiempo pasó con rapidez. No se informó pronto que el doctor Jorge Carpizo McGregor, uno de los grandes constitucionalistas de México, a casi dos meses de ser nombrado Procurador General de la República, hizo público un breve diagnóstico sobre la PGR, a la cual en múltiples ocasiones le atribuyó los adjetivos de “maldita e infernal”.

Por primera vez se reconoció que algunos agentes del Ministerio Público y de la Policía Judicial Federal estaban involucrados y comprometidos con la delincuencia, especialmente con la del narcotráfico, que la policía carecía de preparación técnica y se encontraba mal equipada; que faltaban peritos y equipo técnico para los dictámenes periciales, que se habían perdido expedientes, que los delincuentes eran advertidos de su persecución antes de que ésta comenzara, por los propios funcionarios de la dependencia; que no existían inventarios de todos los bienes de la institución ni de aquellos que habían sido asegurados a los narcotraficantes, lo cual propiciaba una corrupción tremenda, que existían decenas y decenas de miles de averiguaciones previas sin integrar y de órdenes de presentación y de aprehensión sin ejecutar, lo que recientemente denunció el doctor Alejandro Gertz Manero…

El reto al que Carpizo se enfrentó consistió en modificar profundamente la situación descrita en ese diagnóstico, pero sin paralizar las actividades de la dependencia, fundamentalmente el sector responsable de la lucha contra el narcotráfico. Había que ir superando la corrupción y la ineficiencia que prevalecía en la institución y que había beneficiado incluso a algunos de los más importantes funcionarios de la misma, incluido cuando menos un Procurador, al mismo tiempo que se incrementaban los resultados positivos como el aseguramiento de drogas y la detención de los grandes capos de los cárteles de ese inmenso negocio ilícito.

Y muchos de los comandantes terminaron en la cárcel durante 1993. El 24 de mayo de ese año, Carpizo había citado al jefe policiaco Rodolfo León Aragón, a una comida-trabajo en la oficina contigua a la que despachaba oficialmente. La comida se inició después de las 15.00 horas y Carpizo consultó una tarjetita donde se encontraba apuntado aquello de lo cual deseaba ser informado. Así no había lagunas de memoria. Unos minutos después de las 16.00 horas, llamó por teléfono José Luis Ramos Rivera, el coordinador de asesores.

–Perdona, Jorge, me acaban de informar que hay una balacera terrible en el aeropuerto de Guadalajara, parece que se trata de un problema entre narcotraficantes y que hay muertos. No te lo aseguro, pero dicen que la situación está muy confusa, que entre los muertos pudiera encontrarse un sacerdote—comentó Ramos Rivera.

Así comenzó la averiguación sobre el enfrentamiento de los Arellano Félix y la banda de “El Chapo” Guzmán y el “Güero” Palma. Mucha gente no sabía entonces que a principios del mes de noviembre de 1992, siete meses antes de la balacera en el aeropuerto de Guadalajara, en la misma ciudad el grupo de los Arellano perpetró a plena luz del día otro atentado contra la vida de Guzmán, cuando aproximadamente a las 15.00 horas, miembros de la banda Arellano alcanzaron al famoso personaje y abrieron fuego sobre su vehículo que circulaba por el Periférico para tomar la calle Mariano Otero. En el atentado, del cual salió ileso Guzmán, participó directamente Ramón Arellano Félix apoyado por cuatro individuos, se utilizaron fusiles AK-47, conocidos como “cuernos de chivo”.

Y a su vez “El Chapo” y “El Güero” Palma habían organizado un operativo con 40 sujetos armados, quienes llegaron a bordo de un camión torton con el objeto de dar muerte a Francisco Javier y Ramón Arellano Félix, que se encontraban en la discoteque Christine, el 8 de noviembre de 1992, sin lograr su objetivo, resultando seis personas muertas y tres lesionadas de gravedad.

Producto de la misma rivalidad, destacaban por su magnitud hechos violentos como los registrados el 29 de mayo de 1992, en dos zonas residenciales de Culiacán, Sinaloa, con las explosiones de dos carros-bomba. En efecto, fueron detonados dos carros-explosivos en sitios que presumiblemente habían sido elegidos por narcotraficantes nacionales y extranjeros para establecer sus domicilios. La explosión del primer carro fue alrededor de las 5:00 horas, en la calle Chihuahua 1483, fraccionamiento “Las Quintas”, donde el vehículo Shadow, color oro, placas VKY-070 y número de registro 3289817, al parecer cargado con explosivos y un cilindro de gas butano, destruyó una residencia propiedad de Jaime López Barraza. La segunda detonación se produjo 20 minutos después, en la calle Cerro de la Campana, número 562, del fraccionamiento Colinas de San Miguel, cuya propiedad se atribuyó a María Isabel Gutiérrez Zambada, donde otro Shadow destruyó gran parte de la mansión. La primera residencia es de Guzmán y la segunda del “Mayo” Zambada…

También se dio otro hecho de gran violencia, el asesinato de nueve personas en los alrededores de Iguala, Guerrero, el 3 de septiembre de 1992…

Y finalmente la contratación de mercenarios asesinos en Estados Unidos, una vez denunciados los planes vacacionales de “El Chapo” Guzmán, a quien no conocían los criminales pero que sería ubicado al llegar al aeropuerto de la ciudad de Guadalajara, de paso a Puerto Vallarta…

En fin, un resumen del histórico tiroteo en el aeropuerto de Guadalajara y las movilizaciones policiales posteriores podría ser el siguiente:

La PGR se refirió a la confusión inicial que duró cuando mucho 25 segundos, en que cualquier decisión debe tomarse al instante.

Pero a alguien se le ocurrió intentar explicar el complejo asunto a base de una suerte de caricaturas y a tal técnica se le calificó como el “Juego de Nintendo de la Procuraduría”.

También se habló de fuego “cruzado” refiriéndose al cambio de metralla que habría provocado colateralmente el deceso del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Luego se aseguró que probablemente los tiradores “se confundieron” a la hora de la tragedia, sin especificar con énfasis que confundieron el auto de Posadas con uno que usaba “El Chapo” Guzmán, de la misma marca y quizá modelo y color.

Juego de “Nintendo”, “fuego cruzado” y “confusión”, detalles que aprovecharon los eternos vivales de la noticia para señalar con insistencia que “El Chapo” Guzmán no era tan alto como Posadas y la corpulencia del religioso, además de su atuendo, habría hecho “imposible tal confusión de personas”.

También dijeron los sarcásticos que Posadas “jamás pudo morir entre fuego cruzado, ya que los catorce proyectiles que lo alcanzaron fueron absolutamente directísimos”.

Obviamente, quienes discreparon inmediatamente sobre la confusión fueron los religiosos como Carlos Quintero Arce, arzobispo de Hermosillo, quien manifestó que “gracias a la información de las balas directísimas, empezaron a inventar que lo confundieron y eso a mí me parece infantil” (¿?).

Alfredo Sandoval, médico personal del arzobispo, dijo que eran impactos “directamente dirigidos”, (sic) hacia las dos personas, “ampliamente vieron los asesinos de quién se trataba”.

El doctor Mario Rivas Souza, forense, creyó llegados sus diez minutos de fama y se lanzó con todo: “Vi que las balas iban hacia abajo, le dieron un balazo al Cardenal en el tobillo derecho, el segundo en la rodilla izquierda, a corta distancia, se apoyó en el asiento del carro para meterse y en ese momento le dispararon por la espalda los otros doce balazos o sea son gatilleros profesionales”.

Y agregó como si de verdad hubiera habido dudas de que los tiros fueron dirigidos al Cardenal y su chofer: “los tiros no fueron a más de un metro o menos, digamos 80 centímetros. Yo dije cómo los mataron desde el punto de vista científico. Pero los tiros fueron absolutamente directos”.

Y enfatizó como criminalista sin serlo: “No creo que hayan confundido el Grand Marquis, porque en Guadalajara los confundibles serían alrededor de 150. Es de kindergarten suponer que “El Chapo” Guzmán se introdujo al estacionamiento del aeropuerto. “¿Una persona de la categoría de “El Chapo” se encharcaría dentro de un estacionamiento?”.

Ahora resultaba que tampoco “El Chapo” estuvo en la balacera. Mucha gente criticó al forense y en Guadalajara fue bloqueado en la Procuraduría porque realmente había distorsionado el asunto, basándose sólo en que los tiros fueron “directísimos”. Nadie dijo lo contrario en torno a la confusión.

Como esas afloraron hipótesis complotistas, añadió el escritor Fernando M. González, “que si fueron las sectas desnacionalizadoras, que si fue la DEA para tratar de limpiar un poco la corrupción en la policía mexicana, que si fueron militares resentidos, que si fue el grupo de los “dinosaurios” y en el colmo del sarcasmo hubo quien dijo que fueron los admiradores de Madona, los cuales sabían que si el Cardenal viviera no podría haber venido la cantora a México”. El lector debe sacar su conclusión…FIN.

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