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CONCATENACIONES

Fernando Irala/Sol Quintana Roo

*Incalificables agresiones al personal de salud

se halla el mundo, sacan los extremos del comportamiento humano, lo mejor y lo peor.

Al personal de hospitales le ha tocado enfrentar al monstruo viral con todos los riesgos que ello conlleva, empezando por la posibilidad de contagio y terminando por el peligro cierto de perder la vida.

De entre las cifras que día con día alimentan el pánico con el que la población vive por el COVID19, destacan las bajas que enfrenta el ejército sanitario: en México, más de medio millar de infecciones y una decena de muertes, derivadas de su contacto con enfermos, pero también de la falta de equipamiento para llevar a cabo su tarea con eficacia y cierta seguridad.

Hasta con manifestaciones callejeras a las afueras de los hospitales, médicos y enfermeras han hecho saber de las carencias con las que laboran, y han urgido a resolverlas.

Tal penuria hace más riesgosa su tarea, y más agradecible y admirable que pese a todo la sigan cumpliendo de manera estoica.

Por eso asombra la torpeza, ignorancia o barbarie extrema de gente que agrede a quienes arriesgando su propia salud y la vida, procuran salvar la de los pacientes contagiados. Si algo se merecen los médicos y paramédicos, es el reconocimiento no sólo de las familias de los enfermos, sino de toda la sociedad, empezando por quienes son sus vecinos o cercanos.

En contraste, los medios dan cuenta de actitudes de rechazo y discriminación que han obligado a las autoridades a brindar transporte especial e incluso alojamiento temporal al personal de hospitales, para protegerlos del salvajismo por parte de barbajanes que encuentran a su paso.

En diversos puntos del territorio nacional se han observado tales atrocidades, y también es cierto que en otros lugares del mundo igualmente se han registrado.

Pero no pueden permitirse ni mucho menos hacerse costumbre, pues se trata de fenómenos de brutalidad que nos deshumanizan y nos hacen perder bases elementales de la convivencia y la organización social.

Si en condiciones de normalidad, a su vez algunos especialistas y médicos de élite han sido acusados de privilegiar el dinero y el enriquecimiento por sobre su deber comunitario, es evidente que en la actual pandemia el gremio en su conjunto ha dado en el mundo entero una prueba más que suficiente de entrega y sacrificio.

Eso, casi todos lo entendemos.

 

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