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CRÓNICA DE UN ENTIERRO INESPERADO

 

*Sin dudas, ni hermetismo, pero con paciencia y profesionalismo, los empleados de las funerarias amortajan e incineran a los fallecidos por Covid-19

*Enfundados en delantales plateados, cubrebocas con válvula de aire, gafas de plástico y guantes de plástico acomodan el cadáver en una plancha que apenas conserva restos de pintura blanca

*En entrevista exclusiva para Grupo Sol, Daniel Bustamante Contreras, cuenta que a diario, entre ocho y nueve cuerpos son ingresados al cementerio para ser cremados

Manuel Godínez/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/ Sol Campeche/ La Opinión de México

Ciudad de México.- Son las 11:35 horas del jueves 11 de febrero, la camioneta de la funeraria “Más allá del sol”, abre sus puertas traseras para entregar al personal del Panteón Municipal de Nezahualcóyotl, el cadáver de un hombre que murió a causa de Covid-19.

Enseguida, Daniel, Marco y Carlos, empleados del cementerio se aproximan a recoger el cuerpo, el cual, ha sido envuelto en una bolsa hermética de color gris, la cual, evita eventuales contagios en las personas que tienen un último contacto, ya que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aún sin vida, el virus se puede propagar.

Enfundados en delantales plateados, cubrebocas con válvula de aire, gafas de plástico y guantes de plástico acomodan el cadáver en una plancha que apenas conserva restos de pintura blanca, el resto, ha sido carcomido por el óxido y la falta de mantenimiento.

Una vez que se deja acomodado el cuerpo, Marco se acerca con un pequeño contenedor para desinfectar a sus compañeros de pies a cabeza.

Metros adelante, junto a la plancha móvil del horno, los tres hombres trepan al carrito móvil y acomodan la bolsa de dos metros de alto mientras preparan el horno, el cual, debe arder a 900 grados Celsius para transformar en cenizas el cuerpo humano.

Posteriormente, con el mismo desinfectante, Marco vuelve a rociar de arriba abajo el cadáver, pues aún deber realizar actividades cerca del mismo.

Durante 40 minutos, los trabajadores alistan el horno de ladrillo, con dos postes metálicos de casi tres metros de largo, remueven la leña una y otra vez hasta que se llegue a los 900 grados, a la par de esto, el calor en el cuarto se hace presente, y provoca que el rostro de los empleados se cubra de sudor.

Mientras las llamas están en su punto más álgido, los tres familiares que pudieron ingresar al Panteón Municipal, se olvidan por un momento de la distancia y los cubrebocas, para darse un poco de consuelo entre sí.

Al interior, el marcador electrónico del horno hace sonar su alarma: Llegó la hora, la temperatura es 909 grados, por lo que la plancha que carga el cuerpo, debe avanzar hacia la puerta principal.

Apoyados por los postes, Marco y Daniel acomodan el cuerpo en un pequeño rectángulo, y una vez adentro, la puerta metálica se cierra de manera dramática.

En entrevista exclusiva para Grupo Sol, Daniel Bustamante Contreras, cuenta que a diario, entre ocho y nueve cuerpos son ingresados al cementerio para ser cremados.

“Cada que nos llega un cuerpo por Covid, (los guantes) los cambiamos por unos nuevos, no nos quitamos nuestros cubrebocas, nos protege bastante, además debemos usar nuestros goggles.

Cada que van pasando los cuerpos, vamos sanitizando, cada cuerpo nos sanitizamos de pies a cabeza y toda el área”, explica.

Daniel relató que, para la cremación un cuerpo, se ocupan de dos a tres horas, dependiendo el peso, la estatura, el estado de salud antes de morir, entre otros factores.

“Una vez terminado, ponemos las cenizas en una charola para después pasarlas a un molino para poderlas ingresar a la urna y entregar a los familiares”, añade.

Aunque asegura que no le teme al virus, Daniel está consciente de que debe ser precavido, pues el riesgo de estar tan cerca de una víctima de Covid-19, pone en peligro a su familia.

“Al principio te cuesta mucho trabajo tomar la fortaleza para estar aquí, pues el estar cerca de los cuerpos, es pesado, pues te ves reflejado en esa vida, estoy trabajando con el virus, porque mi familia me espera en casa”, confiesa.

Debido a su vínculo comercial y cercanía, el Valle de México, -conformado por la Ciudad de México y el Estado de México-, se mantiene como el epicentro de muertes y contagios de la nueva cepa de coronavirus.

Hasta la tarde del 12 de febrero, la Secretaría de Salud reportó que en el Valle de México se han contagiado 717 mil 523 habitantes, es decir, 2 mil 044 casos por día.

Aunado a esto, la alerta sanitaria se ha mantenido en niveles altos debido a que existen 28 mil 027 casos activos.

El 18 de marzo de 2020, el secretario de Salud, Jorge Alcocer anunció en redes sociales que el virus había cobrado su primera víctima mortal.

“Hoy en México falleció la primera persona con #COVID19. Inició sus síntomas el 9 de marzo y padecía diabetes”, expresó en su momento la autoridad sanitaria.

Desde entonces, han pasado 331 días y la fiereza de la pandemia no se ha cesado.

Hasta el corte del 12 de febrero, en el Estado de México y Ciudad de México, han fallecido 50 mil 909 personas, lo cual quiere decir que, en promedio, mueren seis personas cada hora.

Por ello, Daniel considera que las medidas que han tomado las autoridades de salud, han sido las adecuadas, y que la principal responsabilidad del escenario caótico es gracias a la indiferencia de gran parte de la población.

“Podemos hacerle caso o no a la ley, pero uno es el que está expuesto. Viviéndolo aquí a diario, le pido a la gente que se ponga bien su cubrebocas, que se desinfecten, tu puedes hacer tu sanitizante con alcohol y agua, con eso puedes matar un virus”, recomienda.

Debido a lo llegado de la pandemia, los mexicanos han tenido que cancelar las costumbres que se esperan de un funeral, antes de la pandemia, la carroza era escoltada por decenas de familiares, vecinos y amigos, con un grupo norteño o mariachi soltando las últimas notas antes de que el ataúd, llegue a su destino final.

Ahora, bajo un estricto control, se permite que sólo 10 personas, con una distancia de 2 metros entre sí, y el uso obligatorio de cubrebocas, acompañen a su familiar.

“Hemos perdido costumbres, pero si nos cuidamos, podemos regresarlas, además, ha habido otros cambios importantes, mucha gente ha perdido su empleo, mucha gente cerró negocios, por eso pido a la gente que no haga fiestas, mientras más nos cuidemos, más rápido salimos de esta”, asevera Daniel.

Finalmente, con un gesto de esperanza, el trabajador espera que las autoridades los contemplen entre el grupo prioritario para obtener la vacuna contra Covid-19, pues el virus lo asecha.

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