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DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / SOL YUCATÁN

*Lo más Abyecto

*Espejo, Espejito

Medrar con la pobreza, y peor con la salud popular, es lo más abyecto que puede concebirse en cualquier político sin importar filiación ni la pobre ideología que la sostiene en realidad pisoteada por las ambiciones y el oportunismo. La muestra la tenemos en algunos candidatos a los gobiernos estatales –y no voy a referirme al cavernícola Félix Salgado Macedonio-, sino a la aspirante campechana Layla Sansores Sanromán, hija del penúltimo cacique del sureste –el último fue, hasta hoy, el extinto también Víctor Cervera-, quien ha pasado por el PRI, con filiación de un cuarto de siglo, el PARM, el PRD, Convergencia Democrática, MC, el PT y finalmente MORENA. Un caso de perversidad narcisista enfermedad que bien conoce como sicóloga que es.

Bien conocen los antiguos priistas, incluyendo a AMLO y varios de los miembros de su gabinete ahora renegados, el modelo proselitista del otrora partido de Estado porque recorren de nuevo el mismo camino con su “movimiento de regeneración nacional” que expandieron llamándole Morena en un bien estudiado entorno sobre la devoción de los mexicanos

a la Guadalupana; así como el PAN extendió durante mucho tiempo la idea de que su emblemático azul era derivación de la imagen de la Virgen y el cielo. Fatuidades que, sin embargo, calan hondo en una nación “conquistada” y oprimida durante tres siglos, hasta moralmente, por los invasores e impostores de la fe y sus frailes adictos a la corona de España.

De ello se siguen aprovechando los alquimistas del partido en el poder, vestidos de guinda y moraditos como sus intenciones, siguiendo la misma ruta de la antigua dictadura priista para aprovechar la miseria y hasta la bondad de los mexicanos vendiéndoles la falacia de que los bonos recibidos –y ahora aumentadas en tiempos de campaña-, salen del bolsillo de AMLO y no del erario y, por ende, de las contribuciones de los mexicanos en su conjunto.

El colmo es la inverosímil mercadotecnia sobre la imposición de las vacunas contra el COVID cuando ya hay otras cepas expandiéndose con mayor fuerza de contagio –hasta el presidente es factor, y no moral, como expresó el enfermo López-Gatell en el acto de mayor lacayunería que recuerde-, en tanto se fabrican las dosis de una nueva contenedora llamada “Universal”; no así los atrasados laboratorios mexicanos que laboran para asegurar la dosis de la bautizada

vacuna “Patria”, otro mensaje subliminal desde el poder absoluto, con señas evidentes de dictadura simulada.

Lo mexicanos, eso sí, comienzan a reaccionar y ya hay quienes han denunciado la venta política de los insumos destinados a contener la pandemia; los disfraces morenistas delatan con la mayor facilidad a los “servidores de la nación” –hubiera sido mejor llamarlos siervos como se autodenominaba el gran Morelos, rehén del pendón de la fracasada 4T-, cayendo en excesos abominables al exigir las credenciales de elector para manipular los comicios venideros con el sambenito de que las vacunas son aportación oficial y no un deber de Estado frente a la mal administrada pandemia que nos coloca en el primer lugar del mundo en letalidad.

Para desgracia de todos, aún muchos compatriotas piensan que la manera de corresponder al auxilio contra la emergencia es avalando al partido del presidente y se equivocan rotundamente; y, por ahora, no hay manera de abrirles los ojos. ¿Así se labra la falsa popularidad del mandatario más mentiroso, corrupto y criminal de los tiempos posrevolucionarios?

La Anécdota 

Cuando Andrés se mira al espejo encuentra el reflejo de su pasado, lo mismo que Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard y

otros pretensos aspirantes a suceder a su idolatrado patrón. Y se observa de joven cuando enseñaba a abrir canaletas a los campesinos con el sello indeleble del PRI. De allí su formación y las consecuencias de ésta.

López Obrador no es un socialista, ni siquiera un izquierdista; es y será el amigo, el hombre maravilloso del ultraderechista Donald contra todo raciocinio y será difícil que el presidente de USA, Joe Biden, olvide sus afrentas en perjuicio de México si bien ha disminuido la presión en contra de los migrantes y desechado, como el aeropuerto de Texcoco, el inútil muro de la ignominia en la frontera norte.

Cuando se mira a sí mismo AMLO se sigue viendo como un redentor social que vive en un Palacio, no bajo al austeridad de Juárez cuyas modestas habitaciones pueden visitarse todavía, sino con el glamour de Iturbide, López de Santa Anna, el barbado enajenado de Miramar y del general que se traicionó a sí mismo, Porfirio Díaz, quien pasó a la historia como un tirano y no como el gran guerrero que venció en Puebla en la hora decisiva para México.

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