Hoy Escribe

DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / Sol Yucatán

*Democracia Fingida

*No soy Igual a Fox

¿Tendremos algún día un presidente democrático, capaz de no sesgar y tratar de boicotear las manifestaciones no oficiales e incluso buscando desvirtuar el sentido de las protestas? Queda claro que Andrés Manuel cayó en un pozo profundo llevándose diecinueve puntos en su “raiting” de aprobación en los primeros meses de 2020, demasiado temprano para quien todavía pidió un año más de margen para cumplir con sus reformas “irreversibles”. Sin embargo, pese al pésimo manejo de la pandemia, volvió a repuntar… en las encuestas y ahora medra políticamente con vacunas y bonos duplicados hasta mayo.

Así las cosas, su empeño en no ceder ante las opiniones desfavorables ni permitir que se expresen, delante de él como sucedió en su tierra, Macuspana, Tabasco, tomando por sorpresa a cuantos creyeron que los autoritarismos habían terminado –salvo cuando pide a mano alzada avalar sus proyectos ante elementos escogidos entre los beneficiarios de sus programas incompletos-.

Le gritaron ¡NO! y él respondió ante el desafío de las masas con un ¡No es cierto!, en un enfrentamiento de negativas que pone en tela de juicio la supuesta buena relación de su administración con los gobernados quienes, sencillamente, ya se cansaron de diatribas.

Además, sus actuaciones debajo de la mesa, sea para acallar voces de periodistas que disienten o tratar de frenar protestas ampliamente justificadas, lo ponen en un peligroso sitio, precisamente el de la sospecha sobre sus pretendidas “buenas intenciones” que han ido mutando al grado de inclinarse por la vieja teoría: “gobernar no es como comerse un tamal de chipilín”.

Esto ya se sabía mucho antes de que, como el mayor opositor que ha tenido México desde 1990, fustigara a los gobernantes en turno lo que ahora resulta, a decir suyo, antipatriótico y conservador. La contradicción es vívida y, por ende, la desconfianza crece como la corrupción de su gobierno.

Pero Andrés no cede. Dice que, pese a los supuestos vaivenes de su popularidad sigue contando con la mayoría pese a que sus treinta millones de votos, en julio de 2018, nunca fueron señal de aprobación mayoritaria porque setenta por
ciento de los empadronados no lo avaló. Así de sencillo, así de fácil.

Y, en el colmo de su egolatría, alcanzó a deslizar que si el pueblo no lo quiere, llorará y se irá a “La Chingada”, su rancho cercano a Palenque, el sitio preferido por el EZLN. Las coincidencias abruman sobe todo por cuanto a las plusvalías que obtendrá por el paso del tren maya si bien éste ha sido paralizado en Yucatán por órdenes judiciales.

Mientras, las mujeres callaron pese a los chantajes emitidos desde el Palacio Nacional para que las estudiantes no faltaran a clases y los patrones presionaran a sus empleadas a no manifestarse so riesgo de ser no solo despedidas sino incluso denunciadas; también se alegó que la protesta iba encaminada a apoyar el aborto y los matrimonios gays para hacer alucinar al clero y las devotas de los sambenitos. La democracia se volvió un toque marginal para los ingenuos.

Lamentamos que las cosas llegaran a este punto. Si López Obrador todavía pretende someter su continuidad presidencial en 2022 –ya saben ustedes que no cumple con su palabra como en el caso de la encuesta sobre llevar a proceso a los ex presidentes, una falacia monumental-, podemos exigirle que adelante el ejercicio, de una vez por todas y antes de que cumpla la mitad de su período, en octubre, para poder así retomar el rumbo de México si las elecciones de junio venidero –el seis-, lo ponen en predicamento.

De eso se trata la lucha de buena parte de los mexicanos aunque AMLO siga presumiendo de su cada vez más dubitativa mayoría.

La Anécdota

Todavía estaba a un mes de posicionarse del gobierno del entonces Distrito Federal en 2000. Y tuve la oportunidad de invitarlo a desayunar en “Los Almendros” de Insurgentes; creía en él como parte de la necesaria ruptura con el viejo régimen.

Recuerdo, de memoria, nuestra plática:

–Me preocupa que Fox a México como una empresa, sin sentido social. Y con él voy a gobernar soportando su mal talante.

A poco más de dos décadas de aquella reunión, pese a mi repulsa por la ultraderecha, acaso optaría por el ignominioso círculo rojo al que nos arrojó el cogobierno foxista y no la persecución soterrada, cobarde, del presidente de “la cabecita de algodón” –nunca mejor usado el apelativo-.

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