Hoy EscribeRafael Loret de Mola

DESAFÍO


*El Gatopardismo

*Ronroneo Diario

Rafael Loret de Mola/Sol Yucatán

En “El Gatopardo” de Giuseppe Tomasi de Lampedusa –tengo en mis manos la edición de Anagrama de 2019 aunque la obra fue publicada por primera vez en 1958-, Don Fabrizio, príncipe de Salina (s)observa como algunos cambios ponen en riesgo “su” mundo y se propone que éstos, al final, permitan que todo quede igual en una larga lucha emancipadora que, como él predijo, aterrice en el continuismo político sin ninguna transformación de fondo.

Inspirado en Tomasi escribí “El Gatopardo de Andrés” considerando que la 4T continúa la historia precedente cual si se tratase de un carrusel que no se detiene jamás y vuelve al punto de partida exaltando a un falso cambio pro, a la larga, sin transformar absolutamente nada –dentro de un sistema político intransitable que convierte a las viejas mafias en nuevas con distintas apariencias partidistas-, engañado y manipulando a las masas volubles atraídas por el magnetismo de los falaces.

López Obrador piensa otra cosa dentro de la línea de su manipulación a los analfabetos a quienes pretenden seducir con su léxico mañanero o desmañanero como se antoje:

“Lo nuestro no es gatopardismo, eso que consiste en que las cosas en apariencia cambian para seguir igual o peor. Nuestro quehacer político va al fondo y por eso hemos tenido que enfrentar muchos obstáculos y resistencias; sobre todo, las relacionadas con la forma de pensar, pues durante un largo período, con el apoyo de una educación mercantilista y doctrinaria, y con la manipulación de casi la totalidad de los medios de información, se introdujo en la mente de muchos la creencia en las supuestas bondades del modelo neoliberal” (página 15 de “A la Mitad del Camino”, Planeta, 2021).

Es grave la pretensión de AMLO en defender su postura, francamente insostenible, con la pretensión grosera de entrometerse en la forma de pensar de los demás como si la única ideología válida fuera la suya para luego volver por la senda neoliberal al depender de los antiguos mafiosos ricachones convertidos en sus aliados con la triada Alfonso Romo-Carlos Slim Helú-Ricardo Salinas Pliego encabezando una transformación de pacotilla, inexistente porque en la primera mitad del periodo los multimillonarios lo son más y, a

cambio, once millones de mexicanos se han sumado a la pobreza. Gatopardismo, aunque lo niegue.

Es curioso los ex presidentes mexicanos y el actual mandante aborrecen ser señalados por su esencia mayor: López Portillo no toleraba que se le dijera frívolo aunque lo era por su nepotismo extremo y su debilidad por ciertas mujeres; De la Madrid deploraba cualquier referencia a su falta de honradez pese haberse demostrado la manera inusual como amasó en los primeros meses de su administración 42 millones de dólares que colocó en bancos suizos; Salinas nunca soportó que se manchara a su familia cuando fueron evidentes las triquiñuelas de sus hermanos, sobre todo Raúl, y hasta se puso en huelga de hambre, bastante ridícula, en defensa de su honor; y, en fin, Fox no permitía que se le dijera ególatra pese a sus botas y hebillas grabadas con sus iniciales.

Así, todos. En el caso de Andrés, por cierto, no acepta que se le indique su protección a los corruptos pese a que atesora todos los vicios de sus antecesores, de quienes fueron sus antagonistas y hoy son referentes cotidianos aunque sin el menor sentido de justicia. Puro gatopardismo y en su versión más corregida y aumentada. Para analfabetos, digo.

La Anécdota

Me cuenta uno de los asiduos tempraneros y colaboradores del mandante –no es Lord Molécula, modelo del nuevo periodismo, para que nadie se confunda-, que hace unos días uno de los gatitos pardos que se escurren por los corrillos del Palacio Nacional e incluso van aumentando a medida que pasa el sexenio –literalmente-, fue encontrado sobre la silla emblemática del águila:

Lo malo es que, al retirarlo –dijo el interlocutor-, observamos que se había meado sobre el cojín en donde estaba a punto de sentarse López Obrador. Éste debió esperar a que le tapizaran el regio y apoltronado asiento; mientras se sentó en un sillón cualquiera.

Cualquiera, como su gobierno.

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