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DROGAS: LA GUERRA PERDIDA

Ricardo Ravelo/ Sol Yucatán

El combate al crimen organizado por la vía de la represión ha resultado un verdadero fracaso. Es por ello que existen voces que apuestan a una liberación total de las drogas, al más puro estilo de Portugal, donde ninguna sustancia está prohibida para su consumo.

Se asegura que esa es la mejor vía para acabar con el narcotráfico. El presidente Andrés Manuel López Obrador planteó la liberación de la mariguana para uso lúdico, igual que ocurre en Estados Unidos, donde varios estados ya dieron ese paso y lo han convertido en un negocio boyante. 

En América Latina México sería el segundo país en liberar la cannabis con fines recreativos, después de Uruguay, el primero en el Continente en poner en venta la mariguana en farmacias para el público consumidor. Canadá hizo lo propio el año pasado y su éxito comercial ha sido descomunal: miles de consumidores hacían enormes colas en los puntos de venta para alcanzar a comprar unos cuantos gramos de la hierba.

Sin duda que Estados Unidos –antes mantuvo una política represiva ante el consumo de enervantes –empezó a ver que en la liberación de las sustancias existe un enorme negocio. Y ahora existe otra guerra: la comercial.
La polémica entre conservadores y liberales en el tema de las drogas lleva mucho tiempo.


Fue a principios del siglo XX cuando Estados Unidos prohibió el consumo de drogas y exigió a todo el mundo hacer lo propio a fin de mantener a salvo la salud de la población.

A finales del siglo XIX, en Europa era ampliamente consumida la cocaína, cuyos beneficios fueron descubiertos, por ejemplo, para la elaboración de la anestesia local –muy utilizada por los oftalmólogos en sus cirugías –y también para curar la depresión, una enfermedad que en aquellos años era conocida como melancolía.

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, consumía cocaína y mediante el uso de esta droga curaba a los adictos a la morfina. Una dosis disuelta en agua –escribió Freud entonces –era suficiente para calmar la ansiedad a la morfina. Con el paso de tiempo, en efecto, sus pacientes experimentaban ciertos alivios: dejaban la morfina y se enganchaban en otra adicción poderosa, la cocaína, aunque en aquel tiempo no se conocían sus riesgos.

Freud fue un consumidor asiduo de cocaína, según el mismo reconoció. Existen cartas escritas por él a su novia en la que le dice que se está preparando para una fiesta y que se encuentra excelentemente bien de ánimo después de haber tomado su dosis de cocaína.

La hoja de coca fue llevada de Sudamérica a Europa hacia el año 1550 por algunos exploradores que la consideraban una hoja milagrosa. Masticada como lo hacen los campesinos en Ecuador, Perú y Colombia, aumenta las fuerzas físicas y, con ello, las horas de trabajo.


Químicos de todo el mundo realizaron ensayos con la planta hasta que finalmente alrededor de 1860 lograron aislar el alcaloide de la cocaína responsable de estimular el sistema nervioso.

Luego iniciaron los experimentos en la medicina: fue muy utilizada en las anestesias, como ya se dijo, aunque después fue sustituida por las anestesias sintéticas.

Su uso causó revuelo en aquellos años de liberación. Con su uso se curaron muchos padecimientos. Freud estaba muy entusiasmado con el experimento y creía que había encontrado la fórmula que lo haría célebre.
En su libro “Anatomía de las Adicciones”, Howard Markel, un académico y estudioso de las drogas, escribió:

“No importaba cuál era su razón, calmar una migraña, un dolor de estómago, un ataque de sinusitis o un episodio melancólico, Sigmund siguió consumiendo cocaína. Nadie sospechaba de sus peligros en ese entonces. Cualquiera podía comprarla en farmacias sin necesidad de prescripción médica y los comerciantes aprovecharon el boom para convertirla en el componente principal de ungüentos, cigarrillos y hasta margarinas.

No es todo: en Estados Unidos se distribuía un refresco –Coca Cordial –que contenía cocaína; más tarde, la Coca Cola incluía entre sus componentes químicos cocaína. El refresco era muy demandado debido a que causaba una sensación de alivio y placer.

Incluso, en su famoso escrito sobre la cocaína, Über coca (sobre la coca), Freud destaca las bondades de esa sustancia y sostiene que el mundo dispone ya de un descubrimiento que puede ser aplicado para combatir diversas enfermedades y adicciones. Se refería a la depresión y al consumo de morfina.


Sin embargo, estudios posteriores consideraron que la cocaína era una droga sumamente peligrosa que podía llevar al consumidor a la locura cuando sufría un ataque de ansiedad sin disponer de la sustancia. Fue por ello que Freud fue severamente cuestionado a nivel mundial: le criticaron su recomendación de consumir cocaína cuando en realidad lo que estaba haciendo es abrirle la puerta a lo que entonces se denominó “El tercer azote de la humanidad”, después del alcohol y la morfina.

A principios del siglo XX, Estados Unidos prohibió el consumo de cocaína, obligó a la empresa Coca cola retirar de su fórmula esa sustancia –fue sustituida por cafeína –y anunció a nivel mundial la prohibición del consumo de varias sustancias. Ahí comenzó la política prohibicionista y represiva que, más tarde, se convirtió en una política antidrogas estrictamente represiva.

Con el paso de los años, surgieron los cárteles. Las dos guerras mundiales sirvieron para que en diversos países –incluido México –se sembraran enormes hectáreas de goma de opio, mariguana, entre otras drogas, para abastecer a los soldados combatientes de entonces.
Al término de la segunda guerra mundial, el suministro de droga se mantuvo: en México apareció la mafia china y hacia los años cincuenta y sesenta comenzaron a surgir organizaciones criminales que convirtieron el tráfico de drogas en el más rentable negocio.

Con el paso de los años, la experiencia ha demostrado que la política prohibicionista no ha funcionado para frenar a los cárteles ni para detener el flujo de drogas en Estados Unidos.

Por el contrario, el número de consumidores aumenta, los cárteles de asocian unos con otros para fortalecerse y desde cualquier punto de Sudamérica hacia México existen conexiones precisas para poner un cargamento de cocaína en Estados Unidos, el voraz mercado de consumo.

Así, la prohibición y el consumo se convirtieron en actividades clandestinas y anónimas que funcionaban con protección pagada. De ahí surgieron las amplias redes de complicidades que cobijan el tráfico de drogas hasta ahora.

En el caso de México, el gobierno federal enfrenta la actividad criminal que generan catorce cárteles, los que operan con una amplia diversificación de actividades.

El crimen organizado, siempre a la vanguardia, ya se adelantó a lo que venía con la liberación de las drogas. Antes de que las drogas sean liberadas en todo el mundo, el crimen organizado ya opera con 25 tipologías delictivas que les resultan más rentables que las drogas: secuestro, extorsión, trafico humano, lavado de dinero, venta de protección, cobro de piso, regenteo de giros negros, despojo de propiedades, entre otros.

En el caso de México, el gobierno pugna por liberar la mariguana, cuyas gestiones se realizan ante la ONU para que después el Congreso legisle al respecto.

Pero el objetivo va más allá: se trata de liberar todas las sustancias prohibidas, como ya ocurre en algunos países de Europa: es el caso de Holanda, Portugal, Alemania, por citar sólo algunos.

¿Será la liberación la panacea para derrotar al narcotráfico en el caso de México? ¿Estamos preparados para vivir en un país con drogas liberadas? ¿Tenemos la educación y la información precisa sobre el daño que causa cada una de las sustancias? ¿Ha sido el gobierno responsable en mantener una política de información hacia la población y, particularmente, hacia los núcleos sociales más vulnerables respecto del consumo de drogas?

Los países europeos mencionados experimentaron un aumento en el consumo de sustancias tan pronto fueron liberadas. Con el paso del tiempo, el consumo fue disminuyendo. Actualmente en Europa el consumo de drogas ha dejado de ser un tema cotidiano para la prensa. El que guste consumir, lo hace, sabedor de que su consumo debe ser responsable. Pero, con algunas excepciones, del otro lado del Atlántico los niveles de educación son mayores que los de América Latina.

En México se analiza si la liberación de las drogas puede pegarle en el centro a los cárteles del crimen organizado. Esta medida es dudosa porque la mafia en México ya no vive sólo del tráfico de enervantes: ahora controlan incluso los recursos naturales, territorios completos y gobiernan, a través de sus aliados, más de la mitad del país. La amenaza también es política porque a base de fuerza y corrupción la mafia en México se ha logrado posicionar como un real cogobierno.

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