Nacionales

EL ASESINATO DE KENNEDY

PARTE 1.2

STAFF SOL YUCATÁN

Los conflictos arreciaron: se declaraba “amigo de cubanos anticastristas” y posteriormente elogiaba a los “cubanos castristas”, lo que le trajo varias golpizas y consignaciones ante la policía. En una ocasión llegó a la ciudad de México, para hacer trámites en las embajadas rusa y cubana, donde fracasó rotundamente y retornó a Estados Unidos, ya con la firme intención de, como dijo su hermano, “darse a conocer ante el mundo”.

Para ello elaboró un plan que implicaba la compra de armas, (un revólver corto y una carabina con mira telescópica), y tiempo de entrenamiento intensivo en un campo de tiro, a pesar de que durante un tiempo de “marine” había aprobado satisfactoriamente las pruebas de tiro al blanco. Un testigo declaró posteriormente que “nunca había visto disparar con tanta velocidad, a base de mira telescópica” . Pocas personas recuerdan el episodio que pudo haber cambiado la historia mundial. Edwin A. Walker era un general sumergido en conflictos racistas, cuando en las Universidades no eran admitidos fácilmente estudiantes “de color”. En ese tiempo, Oswald no sabía ajustar miras telescópicas como la de su fusil Mannlicher Carcano y por eso falló el disparo que pudo cambiar el giro de los acontecimientos.

Previo al atentado que perpetraría contra Edwin A. Walker, Lee Harvey Oswald se hizo retratar con su fusil y su revólver y autografió varias fotografías, para obsequiarlas a otras tantas amistades que lo creían “un cazador de fascistas”.

(Como es sencillo de comprender, ningún conspirador profesional se comportaría en forma tan infantiloide, pues todos sus planes serían descubiertos con facilidad durante las investigaciones posteriores).

Precisamente, una de las imágenes de Lee con el fusil y el revólver que utilizó el 22 de noviembre de 1963, (con el rifle mató a Kennedy, con el revólver al policía J. D. Tippit), cobró celebridad a través de su publicación en la primera plana de la revista Life. Y precisamente Marina Oswald había escrito al reverso de una foto: “¿Cazador de fascistas? …ja ja ja”.Bueno, el caso es que el 10 de abril de 1963, por la noche, el enfermo norteamericano envolvió en una manta el fusil italiano y acechó al general Walker, hasta tenerlo a tiro en lujosa residencia. El militar bajó la cabeza incidentalmente cuando Lee abrió fuego y la bala se estrelló contra la pared de un despacho donde trabajaba el general, quien se arrojó al suelo como lo aconsejaba su pasado adiestramiento.

Asustado, Lee Harvey Oswald escapó en automóvil, enterró el fusil Mannlicher Carcano y por la radio esperó noticias de la agresión. Era tanta su ansiedad que nunca recordó la carta manuscrita en ruso que le había dejado a Marina, con instrucciones precisas sobre su comportamiento “en caso necesario”.

El enloquecido sujeto pedía en ruso a Marina que “si lo arrestaban, lo herían o lo mataban, se fuera ella con las niñas a Rusia, no sin destruir ropa y documentos de Lee Harvey Oswald”.

Cuando el matrimonio creía que el atentado contra el general Edwin A. Walker pasaría inadvertido, la radio difundió la noticia y Lee se preparó para huir con rumbo desconocido, pero en ese momento, “casualmente”, llegó el ex diplomático George De Mohrenschildt, (en tiempos pasados había huido de México, porque querían matarlo los guardaespaldas de influyente personaje mexicano, a cuya esposa había intentado enamorar), y supo que faltaba el fusil Mannlicher Carcano, por lo que inmediatamente señaló a Lee como el “tirador fallido”. La perspicacia de George De Mohrenschildt sorprendió a Marina y Lee no pudo negar la agresión, pero jamás fue denunciado por el entonces recién llegado, quien supo desde abril de 1963 que el exmarine era un peligroso enfermo mental.

Por coincidencia, una de las fotos de Lee Harvey Oswald con el fusil italiano y el revólver, había sido dedicada precisamente a De Mohrenschildt, a quien le había comentado Marina que la compra de armas era dinero desperdiciado.

El fusil fue desenterrado por Lee, le ajustó la mira telescópica y comenzó a practicar tiro al blanco en un campo comercial de Dallas, Texas. Cientos de casquillos fueron usados y recargados por el joven enfermo, obsesionado por darse a conocer “a como diera lugar”.

Los problemas conyugales se incrementaron al margen del entrenamiento y Marina se refugió con unos amigos, de los pocos que tenían. La psicosis de Lee hizo crisis y comenzó a preparar “algo que de verdad despertara la conciencia de todos”.

Estaba tan obsesionado que no le importó que sus armas estuvieran registradas bajo el seudónimo de “Alec Hidell”, pero firmadas con puño y letra de Lee Harvey Oswald.

Menos se dio cuenta que Marina Oswald había guardado cuidadosamente la carta en ruso de abril de 1963 y menospreció la habilidad de los peritos del FBI, para analizar la originalidad de las fotografías donde Lee aparecía con el Mannlicher Carcano y el revólver de “Alec Hidell”.

El joven ya trabajaba en un almacén de libros en la Plaza Dealey, por donde pasaría la caravana presidencial que en noviembre de 1963, visitaría la ciudad de Dallas, Texas.

Oculto como si se tratara de un cortinero, el fusil italiano fue llevado al depósito de libros. Lee Harvey se rodeó con cajas llenas de libros, de manera que le cubrieran la espalda en el momento en que abriera fuego contra el Presidente John F. Kennedy. El joven exmarine había comprado piezas de pollo frito y no se dio cuenta de que, por la grasa, sus huellas digitales quedaron impresas en el fusil y papel con que había envuelto el rifle.

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