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EL ASESINO DE VALENTÍN ELIZALDE

El Hummer: sus primeros años

Ricardo Ravelo / Sol Yucatán

Como pocos jóvenes de su edad, González Durán decidió salir de su pueblo e instalarse en la capital de San Luis Potosí cuando tenía 20 años de edad. De inmediato realizó los trámites correspondientes para inscribirse en las Fuerzas Armadas. Su ingreso ocurrió el 15 de noviembre de 1991. Le dieron la matrícula B8987689.

El aprendizaje adquirido durante su infancia en la sierra se convirtió en útil herramienta dentro del Ejército. Ahí recibió adiestramiento especializado por fuerzas estadunidenses y la Fuerza de Defensa Israelí. Así se integró el grupo GAFES, con la especialidad de localización, combate y aprehensión de miembros de los grupos de narcotraficantes. Esta especialización la inició el 24 de febrero de 1999.

“El Hummer” desarrolló amplias habilidades en diversas disciplinas y, junto con otros miembros de los GAFES, fue enviado a la extinta Procuraduría General de la República para formar parte del equipo de militares que se desplegaron por todo el país para combatir a los cárteles del narcotráfico.

La tarea no era sencilla. Y tan lo fue que, en pocos meses, los GAFES ya estaban a las órdenes de Heriberto Lazcano Lazcano –el jefe de Los Zetas –, quien a su vez dependía de Arturo Guzmán Decenas, llamado el Z-1, fundador del grupo criminal. Guzmán Decenas, según su historia, fue miembro de la Policía Judicial Federal adscrito al estado de Tamaulipas.

González Durán pasó así a formar parte del equipo de 28 militares –de un total de 31 que  fundaron a Los Zetas –y que servían, además, como escudo personal de Osiel Cárdenas Guillén, jefe del cártel del Golfo, cuyo liderazgo duró de 1996 a 2003. En este año fue capturado, recluido en el penal de alta seguridad de La Palma y posteriormente extraditado a Estados Unidos, donde se encuentra preso.

A lo largo de nueve años, Jaime González Durán –más conocido como “El Hummer” que por su nombre –operaba como sicario en el cártel del Golfo. Estaba bajo las órdenes de Heriberto Lazcano, dos personalidades violentas que, juntas, se complementaban para generar violencia. Para ellos matar era como un juego, dormida la consciencia,  no parecían sufrir culpas por su desenfrenado automatismo criminal.

Los militares que conformaron el grupo Los Zetas eran los más sanguinarios. La capacidad para el exterminio, mostrada en sus años como matón, le abrieron las puertas para convertirse en jefe de la plaza de Reynosa, Tamaulipas. Desde ahí controlaba las actividades delictivas de Los Zetas en cinco entidades, incluyendo San Luis Potosí, su tierra natal.

Al “Hummer” se le atribuyen múltiples crímenes, entre otros, el del cantante de música popular, Valentín Elizalde. Cuando el artista subió al estrado para comenzar su presentación en un palenque organizado en Tamaulipas, ya estaba amenazado. Presuntamente, Elizalde tenía amoríos con una novia de “El Hummer”, a quien siempre le dedicaba la última canción que interpretaba. Según las versiones que circularon en torno al asesinato, González Durán le había no sólo advertido al cantante que se alejara de la mujer sino que le prohibió cerrar su show con la canción especial que guardaba para el final como una muestra de su amor.

Elizalde, de acuerdo con las investigaciones del caso, desoyó la advertencia de “El Hummer”. Cuando terminó su concierto se retiró a su camerino y, posteriormente, fue acribillado.

Por ese y otros asesinatos, el gobierno federal aceleró la búsqueda del sanguinario Zeta. La tarde del lunes 7 de noviembre de 2008, tres días después del avionazo en el que perdieron la vida Juan Camino Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos –secretario de Gobernación y titular de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada –González Durán fue detenido en un operativo implementado por  la Policía Federal y el Ejército. En el momento de su captura, “El Hummer” tenía 37 años-

Después de su arresto, Jaime González Durán fue ingresado al penal de La Palma, en el estado de México, donde purga una sentencia de 35 años, la cual termina en el año 2043. Para entonces, su vive, obtendría su libertad cuando cumpla 72 años.

Su testimonio en la PGR

Cuando el avión que los transportó de Tamaulipas aterrizó en la ciudad de México, “El Hummer” fue llevado a las instalaciones de la PGR. Al rendir su testimonio narró que cuando fue detenido los militares le preguntaron dónde estaban escondidas las armas y la droga. González Durán había salido debajo de su cama, donde se escondió cuando vio cómo policías y soldados rodearon su casa. Ya no pudo evadirse.

Dijo: “Vieron la caja fuerte y me pidieron que la abriera. La abrí y les también les entregué un maletín, que estaba en mi cama y contenía 100 mil dólares más. Luego me subieron a una de sus camionetas y me llevaron directo al aeropuerto”.

El dinero –explicó “El Hummer” – lo iba a entregar a “El Coss”, ya que es producto de la venta de la mariguana que hice e McAllen, Texas.”.

En otra parte de su declaración, el miembro de Los Zetas dijo: “La droga la llevo en cámaras de llantas para que no se moje, aunque también lo hago caminando con dos o tres personas más y la cantidad siempre es de dos a tres toneladas”.

Luego comenzó a describir cómo operaba el cártel del Golfo y Los Zetas, grupos criminales a los que él pertenecía. También contó que, desde  Estados Unidos, donde está recluido, Osiel Cárdenas sigue operando la organización criminal.

Explicó que el poder de Cárdenas  Guillén, hasta ese momento, no se había extinguido pese a los años de encarcelamiento, pues los hombres que forman parte de su estructura criminal acatan sin reparo sus instrucciones, las cuales envía a través de sus abogados, que operan como tales y como correos.

En el momento en que fue detenido, el cártel del Golfo, según “El Hummer” lo operaba Eduardo Costilla, “El Coss”, considerado al interior del grupo criminal como un hombre que, entonces, era de todas las confianzas de Osiel Cárdenas. Para Los Zetas también era  muy confiable, según dijo.

Actualmente,  ninguno de los Zetas fundadores de aquel grupo criminal está en operación. Todos, sin excepción, están presos o muertos. Los Zetas se han fragmentado debido a sus crisis internas por el control del negocio de las drogas. Ahora se llaman Cártel del Noreste, pero siguen operando con las prácticas de los viejos Zetas.

El cártel del Golfo, por su parte, se mantiene en operación aunque ha venido a menos como organización criminal. No obstante, el estado de Tamaulipas –con o sin cárteles –sigue siendo uno de los cruces fronterizos más importantes para el crimen organizado.

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