Narcotráfico

EL CÁRTEL DE LOS BELTRÁN LEYVA Y EL ASESINATO DEL PERIODISTA QUE LOS EXHIBIÓ

*Luego de ser exhibidos por el reportero Alfredo Jiménez Mota lo secuestraron y desaparecieron

*Iba a publicar unas grabaciones de llamadas telefónicas en las que se exponían los vínculos entre Roberto Tapia Chan y Ricardo Bours Castelo

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(Segunda de cuatro partes)

Ciudad de México.- En un reportaje a principios de 2005, los Beltrán, que ya formaban parte medular del Cártel de Sinaloa y habían ensanchado su territorio hasta el estado de Sonora, fueron exhibidos por el reportero Alfredo Jiménez Mota, que laboraba en los periódicos El Debate y Noroeste.

Como resultado del trabajo periodístico de Jiménez Mota, comenzó a recibir amenazas, pues puso al descubierto las operaciones de los hermanos Beltrán con el apoyo de funcionarios de los distintos niveles de gobierno.

Alfredo iba a publicar unas grabaciones de llamadas telefónicas que esperaba recibir, en las que se exponían los vínculos entre Roberto Tapia Chan, director de la Policía Judicial del estado y Ricardo Bours Castelo, hermano del entonces gobernador de Sonora, el priista, José Eduardo Robinson Bours Castelo.

La última llamada que recibió fue a las 23:04 horas del sábado 2 de abril de 2005, por parte de una de sus fuentes: Raúl Fernando Rojas Galván, quien era subdelegado de Procedimientos Penales de la PGR.

Sin embargo, ese mismo día desapareció y desde entonces no se le volvió a ver.

Por los hechos, la Subprocuraduría Espeial de Investigaciones en Delincuencia Organizada, (SEIDO) integró el acta PGR/SIEDO/UEIS/177/2005, en la que dijo haber llevado 22 líneas de investigación, con cientos de tomos; lo cierto es que no hubo ningún resultado y menos detenidos.

HÉCTOR, “EL H” “El H”, de acuerdo a exámenes de personalidad, era un tipo violento, agresivo, pero al mismo tiempo medroso, aunque apoyado por su primo y sus hermanos, llegó a tener control absoluto de los grupos menores de narcotraficantes en los 18 municipios de Sinaloa.

Era un apasionado del fútbol de salón y aunque no destacaba en el equipo como jugador, siempre tenía que sobresalir por lo que era objeto de jugadas a modo por parte de sus compañeros, ya que de lo contrario podría enojarse “y como era dueño del equipo…”.

Conforme a la averiguación PGR/SIEDO/UEIDCS/021/, Héctor Beltrán era dueño de un equipo de futbol profesional de salón en Sinaloa, de casas y ranchos en el mismo estado, de una empresa de blindajes en Nuevo León, suites de lujo en Acapulco y mansiones en Valle de Bravo.

Héctor era, de acuerdo a tarjetas informativas de inteligencia, el “cerebro financiero” de la organización, por lo que la mayoría de las propiedades aparecían a su nombre.

En la averiguación PGR/SIEDO/UEIDCS/021/, se menciona que Héctor lideraba una célula de traficantes en toda la costa del Pacífico, con gran influencia en Sonora.

La PGR mencionaba entre sus socios a Filemón Medina, originario del poblado La Juanilla, en Badiraguato, Sinaloa; a Raúl López Yuriar, a Aurelio Iribe Medina, a Gonzalo Araujo Payán “El Chalo” y a Oscar Arsenio Pérez Calderón “El Flaquito”.

Su nombre comenzó a hacerse famoso, cuando surgió el escánbdalo de sus relaciones con Nahum Acosta Lugo, en ese entonces director de Giras de la Presidencia, pero no ocurrió nada.

Un capítulo que podría escribir cómo era Héctor, fue el siguiente.

Ya cuando estaban separados del “Chapo” Guzmán, Héctor ordenó asesinar a Alejandro Coronel Mardueño, de 16 años, hijo de Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal, a principios de abril de 2010, en Bahía de Banderas, Nayarit.

“Nacho” Coronel era uno de los principales hombres de confianza del “Chapo”, por lo que el “H” ordenó a su jefe de sicarios, Santiago Lizárraga Ibarra, al que poco después también mandaría matar Héctor para no dejar rastros, cumplió la encomienda de liquidar a Alejandro

En respuesta, el 13 de abril, la señora Clara Elena Laborín Archuleta, ex reina de belleza de Sonora y esposa de Héctor, fue “levantada” al filo del mediodía, a las afueras de su residencia, en el fraccionamiento La Alameda, a unos 300 metros del cuartel general de la Policía Estatal Preventiva de Sonora.

Un grupo de hombres armados con “cuernos de chivo” y AR-15, llegaron en dos carros Chevrolet “Malibú”, uno dorado y el otro blanco, e interceptaron el Toyota “Tundra”, negro, 2009, placas UV-72-385, tripulado por la mujer y se la llevaron.

A través de personeros, le hicieron llegar el mensaje a Héctor de que “El Nacho” tenía en su poder a su mujer y se la regresarían en cuanto le diera la cara.

Héctor no respondió y hasta dos semanas después, el 27 de abril la señora Clara Elena fue abandonada, a las 6 de la mañana, en la esquina de Reforma y Luis Donaldo Colosio, a un lado de la Universidad de Sonora.

Estaba atada de pies y manos, con la cabeza vendada hasta la nariz y sobre ella una cartulina blanca con un narco mensaje:

“Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y a respetar a la familia, asesino de niños. Aquí está tu esposa, por la que te negaste a responder, te la entregó sana y salva para que veas y aprendas que para nosotros la familia es sagrada. Nosotros no matamos mujeres, ni niños, únicamente vamos por ti”.

Héctor prosiguió su carrera criminal, hasta que el 1 de octubre de 2014 fue detenido en Guanajuato junto con Germán Goyeneche Ortega, que fungía como su operador financiero.

Cuatro años después, moriría de un paro cardíaco en un hospital público, a donde fue llevado de emergencia del penal de alta seguridad El Altiplano, donde se hallaba recluido.

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