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“EL MENCHO” DETRÁS DE LA MASACRE EN MICHOACÁN

Ricardo Ravelo/STAFF SOL YUCATÁN
 

Tras el debilitamiento de los cárteles que operan en Michoacán –Caballeros Templarios, La Familia Michoacana y Los Valencia –Nemesio Oseguera, El Mencho, ha intentado en varias ocasiones apoderarse de esa entidad clave en la geografía del narcotráfico por su posición estratégica, pero no ha podido.


Hace tres años, surgieron en ese estado del Pacífico las llamadas Autodefensas, una suerte de policía comunitaria que, armada con rifles de alto poder, se levantaron para poner un freno a la violencia perpetrada por los cárteles.


Hipólito Mora, un empresario y productor de limones del municipio de La Ruana, fue el fundador de los grupos de Autodefensas. En el sexenio de Enrique Peña Nieto este proyecto fue asesorado por el general colombiano Óscar Naranjo, con amplia experiencia en el combate al crimen. El objetivo trazado entonces fue que, ante la incapacidad del Estado para pacificar el territorio, era necesario que las poblaciones michoacanas estuvieran seguras ante los embates del crimen organizado.


El proyecto marchó más o menos bien durante algún tiempo, pero hace dos semanas Hipólito Mora tronó contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador:


“Si no se atienden las necesidades de Michoacán en materia de seguridad, vamos a tomar las armas y vamos hacer justicia por nuestra propia cuenta”.

El cártel de El Mencho –se asegura –planeó la estrategia se infiltrarse entre los grupos de Autodefensas: les abasteció de armamento y de dinero. Su objetivo: dividir al grupo y así poder entrar a Michoacán con el fin de controlar el estado y las rutas del trasiego de drogas.


Y es que Michoacán resulta ser un estado ampliamente disputado por el narcotráfico. Hay varias razones que lo explican: es una entidad considerada como la puerta de entrada en la socorrida ruta del Pacífico; cuenta con uno de los puertos más importantes para la mafia –Lázaro Cárdenas –por donde el crimen organizado internacional ingresa al país drogas, armas y precursores químicos como la efedrina, materia prima de las llamadas drogas de diseño.


Por Michoacán se abastecen de droga la mayoría de los cárteles mexicanos. Hay una zona conocida como “El Faro de Brucerías”, pegado a la costa, territorio de nadie; ahí la población, en su mayoría pescadores, operan para el narcotráfico: en sus lanchas transportan la droga que los submarinos y barcos arrojan en el mar.
Los cargamentos de cocaína son llevados a la costa y resguardados celosamente en casas particulares o en bodegas de pescado para después entregarlos a sus dueños, en este caso, los operadores de los cárteles del “Milenio”, “Caballeros Templarios, Familia Michoacana y “los Viagras”, estos últimos son considerados como los más violentos y quienes protagonizaron ayer la balacera en Uruapan, Michoacán, con el cártel de Jalisco Nueva Generación que dejó un saldo de 19 muertos.
 
La matanza de Michoacán

En lo que se interpreta como una de las arremetidas más violentas del cártel de El Mencho a Michoacán –un estado codiciado por él desde hace varios años –, la masacre de personas, perpetrada este jueves 8 en el municipio de Urupan, donde presuntamente murieron sicarios de “Los Viagras”, es una de las más sañosas que se hayan presentado en los últimos tres años: los cuerpos de las víctimas fueron colgados, otros quedaron tirados con perforaciones de balas en diversas partes y otros más fueron descuartizados y envueltos en bolsas negras. En otros casos, las víctimas fueron desmembradas y tiradas en distintos puntos de esa población.


Cuando la Fiscalía de Michoacán tomó cartas en el asunto, inició varias líneas de investigación, pero la hipótesis central es que esta masacre fue perpetrada por el cártel de dirige Nemesio Oseguera, El Mencho, al intentar ingresar a controlar el estado de Michoacán, considerado en el mundo de la mafia como “La Joya de la Corona” del narcotráfico.


El primer hallazgo de las autoridades fue de nueve cuerpos perforados con armas de alto poder; luego, en un puente, encontraron diversa pedacería humana; se infiere que los sicarios de El Mencho descuartizaron algunas de sus víctimas y dispersaron los despojos de otras seis personas por diversos puntos, por lo que las autoridades se dieron a la tarea de recolectar pedazo por pedazo los cuerpos fragmentados para posteriormente ser armados –quizá no con las partes originales de cada persona –los cuerpos y ser entregados a sus familiares cuando los reclamen.


Las autoridades infieren que un primer enfrentamiento ocurrió la madrugada de este jueves, pues en una céntrica calle del municipio de Uruapan fueron hallados trece cuerpos que presentaban impactos de proyectil de arma de fuego. La refriega debió seguir hasta la mañana de ayer; otro enfrentamiento tuvo lugar –según la Fiscalía de Michoacán –hacia el mediodía del jueves.


La Fiscalía de Michoacán todavía no tiene una idea precisa de qué pudo desatar esta masacre, pero otras fuentes consultadas sostienen que lo ocurrido es producto de la guerra entre Nemesio Oseguera y los cárteles Caballeros Templarios, Familia Michoacana y su brazo armado Los Viagras que, a toda costa, han impedido que el CJNG se apodere de Michoacán.


Si algo caracteriza al CJNG es su alto poder de fuego y su nivel de saña. Por ejemplo, en mayo de 2015, el Ejército Mexicano instrumentó un operativo para detenerlo en Jalisco. El Mencho estaba preparado con otro ejercito, conformado por unos 500 hombres, entre gatilleros y francotiradores. Estaban armados con granadas, bazucas, rifles AR-15, ametralladoras y hasta con un lanzacohetes soviético impulsado por granadas que fue utilizado para derribar un helicóptero militar en la ciudad de Guadalajara.


Aquel episodio, donde se observa como le disparan al helicóptero y el impacto hizo que estallara y se desplomara envuelto en llamas fue algo inédito en México. Ningún grupo criminal en la historia del crimen organizado mexicano había utilizado tal aparato bélico para enfrentarse al Ejército Mexicano que, sin ninguna duda, se vio superado por la artillería pesada del cártel de Jalisco.


Este hecho –sin precedentes, como ya se dijo –era la evidencia más clara de que la guerra contra el narcotráfico había alcanzado niveles de narcoterrorismo, como ocurrió en Colombia en la etapa más convulsa que vivió ese país sudamericano por la disputa entre los cárteles de Cali y de Colombia.
El experto en temas de seguridad y crimen organizado internacional, Edgardo Buscaglia, dijo entonces que México ya había entrado a una etapa de narcoterror.


Y sin patujos, añadió:


“Sólo falta ver cómo los cárteles empezarán a derribar aviones comerciales en la ciudad de México o en otras ciudades importantes del país. También veremos –dijo –cómo son dinamitados los clubes de empresarios y políticos que aún no quieren ver que el país se les desmorona en las manos mientras ellos se la pasan tomando champagne y comiendo caviar en sus centros nocturnos de lujo.”


Para Buscaglia el grave problema de México es la infiltración del crimen organizado en la política. “El corazón de la mafia –dijo –es la clase política y para sacudirlos es necesario que el Estado mexicano actúe con mano firme: que la Unidad de Inteligencia Financiera audite a las empresas presuntamente ligadas al lavado de dinero; que se golpee el nervio financiero de la mafia; que se desmantele el patrimonio de los grupos mafiosos y se les lleve a prisión. El cambio sólo será posible cuando el presidente de México entienda que la gobernabilidad y la paz social depende de que se golpee de raíz este problema y se lleve a juicio a los políticos ligados al crimen organizado”.


Sin que todavía estas políticas puedan cristalizarse, el poder del crimen organizado sigue en pie y para muestra ahí están las 19 personas masacradas en Michoacán por el CJNG. Y seguramente tales hechos sangrientos seguirán mientras el Estado mexicano no emprenda una política que desmantele a los cárteles.
Dentro del escenario del crimen organizado, el cártel de Jalisco es el segundo más poderoso, después de Sinaloa, actualmente dividido en cuatro bloques y con presencia en cincuenta países. Es la organización criminal considerada como la más poderosa del mundo.


El tercer sitio lo ocupa el cártel de Los Rojos y  enseguida están los Guerreros Unidos; le siguen Los Zetas, el Cártel del Golfo, Los Viagras, Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana, el cártel de Tijuana, La familia Díaz Parada (traficantes de mariguana de Oaxaca) y el cártel del Milenio. No se descarta el poderío del cártel de Juárez y su brazo armado “La Línea”, poderosos desde hace varias décadas, aunque la etapa de mayor esplendor que vivió este grupo criminal se presentó en los años noventa: fue encabezada por Rafael Aguilar Guajardo –asesinado en 1993 en Cancún, Quintana Roo –y luego por Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, a quien oficialmente se le declaró muerto en 1997.


El Mencho y su cártel de Jalisco es ya un verdadero desafío para el Estado Mexicano, pero hay dos razones por las que no se le ha podido detener: o hay políticos coludidos con ese grupo criminal o bien el gobierno carece de una estrategia para capturarlo.


Nemesio Oseguera tiene muchas cuentas pendientes con la justicia mexicana. Nadie olvida aquel video, difundido por las redes sociales, donde sicarios de El Mencho decapitaron a un grupo de agentes federales que fueron secuestrados en Jalisco.


Los policías pidieron perdón, pero El Mencho no los escuchó y con una saña escalofriante ordenó que fueran degollados y filmados en su drama de muerte.


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