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EL MISTERIO DE LA MUERTE DE PACO STANLEY

*A casi 20 años del asesinato, perpetrado en un restaurante al sur de la Ciudad de México, todavía se preguntan por qué y quiénes… A pesar de que siempre ha sido relativamente sencillo aclarar todo 

 

*Las verdades y mentiras fueron manejadas por la policía de manera burda, las comedias sirvieron de “inspiración” para varios libros: El de una edecán que se convirtió en “periodista” 


STAFF SOL QUINTANA ROO 

(Primera de seis partes)

 

Ciudad de México.- A casi 20 años del asesinato de Paco Stanley, perpetrado en un restaurante al sur de la ciudad de México, subsiste el misterio en torno al por qué y quiénes…a pesar de que siempre ha sido relativamente sencillo aclarar todo. 

 

En la revista “Expediente Policíaco” ya desaparecida se expresó la esencia de lo anterior y se comentó que el asunto podía compararse, ventajosamente, con las montañas de hielo que dejan asomar la séptima parte y ocultan el resto en las profundas aguas del mar, para que se disuelvan con el tiempo sin revelar su volumen. 

Así sucedió con el caso Stanley, que por inercia cambió de aspecto pero siempre las autoridades no quisieron ver ni saber lo que se desprendía de la montaña de expedientes, (ahora ridículamente llamados “carpetas de investigación”), y cientos de declaraciones inconexas. 

 

Las verdades y mentiras fueron manejadas por la policía de manera burda, las comedias sirvieron de “inspiración” para varios libros: el de una edecán que se convirtió en “periodista”, el de un periodista mentiroso, (Jorge Gil), que no dijo lo que sabe y un escrito de Mario Bezares sobre “su verdad”…extraviada siempre en un mar de contradicciones. 

 

Ninguno de esos libros arrojó luz sobre el homicidio a tiros, registrado el llamado “Día de la Libertad de Expresión”, 7 de junio de 1999, pocos minutos después de que Paco Stanley recibió un telefonema que lo hizo “palidecer” y cuya transcripción en papel guardó en el bolsillo derecho de su saco, cuando iba a despedir su programa mañanero en Televisión Azteca. 

 

Como por mera casualidad Mario Bezares recibió otro telefonema, de una mujer, a quien le dijo que almorzarían en el restaurante “El Charco de las Ranas”, cercano relativamente a la empresa televisora. 

 

Toca al lector sacar sus propias conclusiones en este trabajo que pretende ser una crónica creíble de los violentos acontecimientos ocurridos hace casi veinte años y que costaron la vida del locutor y la de un inocente empleado particular que invitó a su esposa a desayunar, sin saber que le iban a tocar varios proyectiles que como lluvia se abatieron aquella trágica mañana. 

 

Francisco Jorge Stanley Albaitero, adelantado estudiante de Derecho, simpático universitario de cabello rubio y ojos azules, inició su carrera en la radio, donde varias veces obtuvo premios distintos por ser de los mejores locutores del país. 

 

Dotado de memoria extraordinaria y experto en mercadotecnia y publicidad, Paco Stanley llegó a la televisión y comenzó a trabajar en Divertidísimo, La Carabina de Ambrosio, Nuestra Gente, La Mujer Ahora, Alegrías de Mediodía, Siempre en Domingo, Odisea Burbujas, El Club del Hogar y durante más de diez años desempeñó el papel estelar en el Tenorio Cómico donde reunió a un equipo de comediantes. 

 

Pero se equivocó rotundamente al pensar que la popularidad entre amas de casa iba a reflejarse en las urnas, a su favor. En 1988 jugó por el PRI como candidato a la ALDF, pero la gente le dio la espalda. Y fue en ese tiempo cuando, según la policía, se metió en gravísimos problemas, pues una de sus edecanes le obsequió un hijo: Paul Stanley Durruti. 

 

Aparte, sostenía amistad con Amado Carrillo, conocido narcotraficante, con quien se reunía en residencias para jugar al billar. 

 

Y casi nadie sabía que su “cuñado” Javier Fernando Durruti Castillo, hermano de la edecán mencionada, estaba en prisión por su activa participación en los sonados crímenes del Río Tula y sobre todo en el asesinato de José Luis Alonso Ochoa, “El Chocorrol”, quien según las investigaciones federales el 30 de mayo de 1984 dio muerte al famoso columnista Manuel Buendía Tellezgirón, en un estacionamiento de la zona rosa. 

 

Quizá para no inquietar a Mónica Durruti, Paco Stanley comenzó a prometer, (lo que nunca cumplió), la liberación de Javier Fernando Durruti Castillo, a quien le aseguró que “movería todas sus influencias para que le rebajaran la sentencia de varios lustros de cautiverio”. 

 

Los años pasaron sin que el locutor pudiera ayudar a su “cuñado”, pero una y otra vez lo engañó con gran desesperación del cautivo, a quien, se decía, le pedía como favor que le consiguiera “buena mercancía” para distribuirla “tranquilamente” en su espacio en Televisa. 

 

El reportero Silverio Cacique Ávila, inicialmente ayudante del profesor Alfredo Ruiz del Río, se convirtió en “jefe de espectáculos” de La Prensa y contaba, con asombro, que Paco Stanley entregaba “mercancía” mientras lo maquillaban para su aparición en las pantallas caseras. 

 

Dos de sus amigos se reunían frecuentemente con Paco Stanley para darse gusto con la cocaína: Mario Bezares, quien se hacía llamar “Mayito” y Benito Castro, integrante de conocida dinastía artística. 

 

El locutor se había acostumbrado tanto al uso del polvo blanco, que ya tenía una perforación en la nariz…y no dudó en comprar una residencia en Cuernavaca para tener como vecino al “Señor de los Cielos”, Amado Carrillo. 

 

Mientras tanto, de una manera que no correspondía a sus ingresos por cuestiones laborales, Paco se enriqueció y a otra de sus amigas, también de nombre Mónica, le “prestó” un departamento de lujo y una camioneta de modelo reciente. 

 

Al niño Paul lo llevaba con frecuencia a las oficinas diferentes que Paco mantenía y le mostraba, con orgullo, cajas fuertes llenas de dólares y monedas de oro, (Centenarios), y le decía que tomara un puñado… 

 

Soberbio, el locutor supuso que su buena suerte duraría mucho tiempo más y desdeñó los consejos en el sentido de que hiciera testamento y blindara sus automóviles, ante el avance de la delincuencia organizada e impune. 

 

Como le agradaba que el público lo reconociera y saludara en la ciudad de México, procuraba viajar en transportes con cristales amplios y transparentes. Pero era desconfiado, de sus oficinas no entregaba llaves ni a sus propios hijos mayores. 

Y cuando se suponía que podía hacer y deshacer en la empresa televisora para la que prestaba sus servicios…murió el propietario y comenzaron realmente los problemas para Paco Stanley. 

 

La gente sospechaba que las humillaciones de que hacía objeto a Mario Bezares, en el escenario, no sólo eran parte del espectáculo, sino de la venganza de Stanley contra la gente “que no apreciaba su talento”. 

 

Y muchos integrantes del elenco artístico comenzaron a creer que algo anda mal entre Mario y Paco…porque un hijo del primero es rubio y tiene ojos azules. Los artistas de Pácatelas se enteran de fuertes discusiones entre Paco y Mario, por cuestiones de dinero y malos entendidos, aunque “Mayito” jura que todo es normal. 

 

Sin embargo, en un restaurante, un individuo llega hasta Paco Stanley, le muestra una pistola de grueso calibre y le comenta que lo mandaron a matarlo, pero que no lo hará “por misericordia”. Y se retira. 

 

Si fue broma o no, jamás se supo. Pero el locutor comenzó a inquietarse. En otra ocasión, cuando disfrutaba de una comida en compañía de Janet Arceo, Paco fue asaltado por individuos armados. Sus escoltas insistieron en que blindara su camioneta negra y lujosa, pero el comediante se negó. 

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