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«EL RAMBO” MONREAL, DESACTIVADOR DE BOMBAS (2/3 PARTES)

*Ricardo Monreal, aseguró haber desactivado una bomba -con la hebilla de un cinturón prestado- que había sido colocada en las inmediaciones de la delegación, lo que le valió que el mismo personal lo apodara “El Súpermonris”

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- Un mes después de que despreció al “niño”, Ricardo Monreal aseguró haber desactivado una bomba (con la hebilla de un cinturón prestado) que había sido colocada en las inmediaciones de la demarcación, lo que le valió que el mismo personal lo apodara “El Súpermonris”.

Empleados de la demarcación, dijeron que repentinamente se observó un movimiento inusual en las oficinas del delegado y que éste salió corriendo, en mangas de camisa, seguido por varios de sus asistentes.

Corrió hacia una de las jardineras, al tiempo que gritó a uno de los empleados que le diera unas pinzas, un desarmador, algo, pero como nadie acertaba a moverse, el funcionario grito a uno de los que estaban más cerca: “tu cinturón”. Después exigió que lo dejaran solo y se inclinó sobre la jardinera para enseguida manipular un pequeño paquete.

Minutos más tarde, sudoroso, cargó cuidadosamente el envoltorio, se regresó a sus oficinas y ordenó a uno de sus guardaespaldas que llamara a la policía.

De lo ocurrido nunca hubo información oficial, por lo que no se sabe de qué manera se enteró del supuesto artefacto explosivo, pero sus allegados se encargaron de divulgar que “el jefe había desactivado una bomba y sólo con la hebilla de un cinturón”, por lo que el demás personal comenzó a llamarlo “El Súpermonris”.

ANTECEDENTES POCO CLAROS

Por otra parte, la polémica fama del clan Monreal Ávila, se ha visto inmersa en un ambiente de cacicazgos, negocios poco claros, compadrazgos ventajosos, antagonismos políticos y hasta presuntos vínculos con el narcotráfico, que datan desde su natal Zacatecas, donde al menos tres de los hermanos Monreal se mantienen activos y con aspiraciones políticas.

Los hermanos Ricardo, David y Saúl, además de Cándido Monreal Ávila, han sido cuestionados por diversas causas, tanto políticas como laborales, financieras, familiares y hasta penales; sin embargo, siempre han salido airosos de asuntos tan espinosos como el aseguramiento de casi 15 toneladas de mariguana en una de sus empresas.

Quizá su peculiar manera de desenvolverse no hubiera trascendido y muchas de sus actividades no serían conocidas, de no ser por un “favor” político que pretendió hacerles el Gobierno Federal, a través de Gobernación, el CISEN y la PGR, llevando la voz cantante el entonces procurador Jesús Murillo Karam.

De acuerdo a la averiguación previa AP/PGR/SEIDO/UEITA/043/, resulta que el 3 de abril del 2013, agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, descubrieron “casualmente” una conspiración para asesinar al entonces diputado Ricardo y a su hermano, el senador David.

Las autoridades aseguraron en su informe, que escucharon una conversación telefónica en la que hablaban dos individuos que se ponían de acuerdo para matar a los legisladores.

Lo informaron al entonces director general jurídico del CISEN, Víctor Emilio Carzo Cabañas, quien notificó a la Policía Federal Ministerial que en el hotel Prim, en la Ciudad de México, se encontraban hospedadas dos personas armadas, quienes planeaban ejecutar al senador del PT Ricardo Monreal Ávila (el senador era su hermano David), el jueves 4 de abril.

“Motivo por el cual se hace de su superior conocimiento, ya que podría tratarse de conductas constitutivas de delitos”, señaló el oficio PGR/PFM/DGIPAM/IT/9719/2013, dirigido a la corporación federal.

Se inició la investigación por “un posible atentado que se planea en contra del senador Ricardo Monreal Ávila y se identifica a los agresores: Un grupo de presuntos sicarios pertenecientes a la organización criminal de Los Zetas, originarios del estado de Zacatecas”, señalaba el documento.

Según el informe PGR/PFM/DGIPAM/PD/9721/2013, elaborado por los agentes Israel Sánchez Uribe, Jonathan Pozos Naranjo y Juan Antonio Flores Hernández, se realizó el operativo para capturar a los que matarían a los hermanos Monreal y se detuvo a José Luis Vázquez Delgado, alias El Chato, y a Juan Carlos Esqueda Hernández.

Las autoridades dijeron en esa ocasión que los detenidos se mostraron prolijos en detalles de su vida delincuencial, tanto que aceptaron formar parte de “Los Zetas” y que habían sido contratados por el empresario chilero, Arturo Guardado Méndez, para que asesinaran a los hermanos Monreal.

El móvil, según los locuaces detenidos, era la venganza ya que desde el 2 de febrero del 2011, el hermano de Arturo, Juan Carlos Guardado Méndez y el chofer de éste, Francisco Vázquez, fueron secuestrados por órdenes de Saúl Monreal Ávila y pese a que se pagó el rescate nunca aparecieron.

Esa versión la confirmaría Murillo Karam y abundaría en detalles, señalando que a quien querían matar primero era a Saúl, pero como éste siempre estaba protegido, optaron porque fuera Ricardo o David, o los dos, que siempre andaban solos en la Ciudad de México.

Ricardo no dio declaraciones al respecto, luego de la detención de quienes hubieran sido sus victimarios, toda vez que el atentado, o la venganza según Murillo Karam, no se consumó, pero David sí habló hasta en rueda de prensa.

Dijo que a su hermano le avisaron por teléfono que habían detenido a dos personas que lo querían matar, pero que también tenían la encomienda de asesinarlo a él.

Los presuntos y fallidos sicarios fueron detenidos y enviados a prisión. Hasta ahí todo concordaba con la versión oficial, pero los procesados, una vez ante el juez de la causa, se retractaron de sus acusaciones y dijeron haber sido torturados, negaron ser de “Los Zetas” y demostraron ser trabajadores de la empresa de Arturo.

Para analistas y expertos políticos, el objetivo primordial del caso del frustrado atentado, era convertir en víctimas a Ricardo y David Monreal, y, de acuerdo a la Ley General de Víctimas que prohíbe criminalizar a las víctimas, ello impidió de facto que se investigara a los Monreal por el secuestro y desaparición de Juan Carlos Guardado Méndez.

Es decir, con la nueva ley, el fuero legislativo, el manto político de opositores al gobierno y la campaña mediática desatada a raíz del intento de su asesinato, se convirtió a los hermanos Monreal en ”víctimas intocables”.

Pero fue entonces cuando comenzó a destejerse otra historia muy diferente a la planteada por el procurador Murillo Karam y salieron a relucir muchas interrogantes.

¿Por qué nunca apareció Juan Carlos y su chofer si su familia pagó el rescate exigido por sus raptores?

¿Hubo diferencias políticas o empresariales entre el ex alcalde de Fresnillo y quien sería su suplente?

¿Qué clase de negocios tenían los Monreal y los Guardado?

¿Por qué la esposa del empresario los responsabilizó de lo que pudiera ocurrirle?

La relación entre las aristocráticas familias Monreal y Guardado, aparentemente siempre había sido buena, a grado tal que Ricardo Monreal y su esposa fueron padrinos de la hija de Jaime Guardado, hermano de Arturo, señalado como autor intelectual del atentado que no hubo.

Otro de los hermanos, Saúl, cuando fue presidente municipal de Fresnillo, tuvo como secretario de Ayuntamiento al desaparecido Juan Carlos Guardado Méndez e incluso, lo nombró como alcalde interino cuando dejó el puesto para postularse a otro cargo de elección popular.

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