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FLORENTINO VENTURA, EL POLICÍA “EJEMPLAR” (2/5 PARTES)

*A través de los 25 años que llevaba ya en la PJF se había desempeñado como investigador en el área política; comandante de grupo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, entre otros

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- A través de los 25 años que llevaba ya en la PJF, Florentino Ventura se había desempeñado como investigador en el área política; comandante de grupo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, para la detección de narcóticos y contrabando y en el grupo especial adscrito a la Dirección General de Averiguaciones Previas de la entonces Procuraduría General de la República (PGR).

Pero desde antes, en 1968, Florentino dio muestras del gusto por su trabajo, al declararse enemigo a muerte de los guerrilleros a los que el gobierno mexicano persiguió tenaz y ferozmente hasta exterminarlos.

A mediados de 1984, como primer comandante de la PJF de Averiguaciones Previas, fue asignado para “asuntos especiales” y fuerte aspirante a ocupar el importante cargo que detentaba Jorge Miguel Aldana Ibarra, jefe de la Interpol–México y a quien por cierto, detendría años después.

Miguel Aldana, sin contar, aparentemente con bases sólidas, declaró públicamente que el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar no estaba muerto, que lo había visto en los Estados Unidos, lo que sugirió que todo había sido un enjuague de la PGR y el gobierno estadounidense para detener a Rafael Caro Quintero, con el que se presumía había pactos para protegerlo.

Por otra parte, en su aspecto interno, resultaba contradictoria la actitud que mostraba en su trabajo: feroz, cruel y despiadado y la que asumía frente a su compañera de toda la vida, su esposa María Cira Villanueva. Quienes lo conocían no daban crédito a esa ambivalencia de actitudes, ya que con su mujer se conducía con ternura y hasta romanticismo.

Pero los “asuntos especiales” que directamente le encargaba su jefe, el procurador Sergio García Ramírez, le ocupaban todo el tiempo, ya no podía atender a su familia, a sus hijos, lo que originó diferencias y reclamos de su esposa y constantes fricciones entre la pareja.

Pero a la vez que su relación con María Cira se desgastaba, su prestigio de buen investigador crecía, aunque siempre rodeado de una aureola de brutalidad. Su fama había rebasado las fronteras nacionales y ya la DEA y el FBI lo consideraban “el policía más brutal, pero el más eficiente”.

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