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GENERAL MARILES, DE HEROE A VILLANO

*La conocida tragedia del General, quien dio a México la primera medalla de oro en Juegos Olímpicos, debe ser reexaminada por las máximas autoridades mexicanas, pues en su caso hubo más luz que tinieblas

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Primera de siete partes)

Ciudad de México.- Es indudable que la conocida tragedia del general Humberto Mariles Cortés -quien dio a México la primera medalla de oro en Juegos Olímpicos- debe ser reexaminada por las máximas autoridades mexicanas, pues en su caso hubo más luz que tinieblas.

Injustamente, el historiador Humberto Musacchio eliminó en sus libros sobre nuestro país toda referencia al caballista militar que pagó con cara moneda sus fallas.

Algunos investigadores han señalado con insistencia que el 14 de agosto de 1948, el entonces teniente coronel Humberto Mariles, ante la expectación general y rodeado de un silencio profundo, dio unas vueltas al galope en “Arete”, un gran caballo tuerto, mientras miles de ojos lo seguían en el estadio Wembley, durante las Olimpíadas de Inglaterra.

De pronto, comenzó su competencia, jinete y caballo se entendieron a las mil maravillas y Mariles conquistó medalla de oro para México.

¡La locura!.. Decenas de sombreros mexicanos fueron arrojados al aire, otros tantos compatriotas aplaudían al chihuahuense. El capitán Rubén Uriza Castro obtuvo la medalla de plata y México ganó por equipos.

La hazaña deportiva se había consumado, un pueblo entero estaba orgulloso de sus deportistas, en especial de esos dos hombres del Ejército Mexicano que escribieron una página de gloria para el deporte nacional.

En 1961 fue ascendido a general, pero Mariles desde 1958 padecía de intensos dolores de cabeza, unos malestares que apenas podía contener con la ingestión constante de analgésicos.

La gloria y el poder se fueron esfumando y el carácter de Mariles se distorsionó mucho, el militar perdió amigos y recibió amargas críticas; y el 14 de agosto de 1964, 16 años después de su triunfo en Londres, declaró entre amigos del periódico La Afición, a donde había asistido para la inauguración de maquinaria, que el licenciado Gustavo Díaz Ordaz, Presidente de México, lo nombraría director de Tránsito en el Distrito Federal.

Cosa que nunca logró porque ese mismo día, 14 de agosto de 1964, tuvo un problema de tránsito en las cercanías del bosque de Chapultepec, Segunda Sección, y lesionó mortalmente de un balazo a otro conductor, un albañil con antecedentes penales, acostumbrado a dirimir dificultades con arma de fuego.

El general Humberto Mariles inicialmente comprendió la gravedad de la situación y ayudó a trasladar al herido a la Cruz Roja, de donde el militar escapó imprudentemente por la ventana de los sanitarios.

Los medios de información parecieron ensañarse contra el prófugo y prácticamente lo despedazaron de manera simbólica, como lo hacen las hienas con sus poderosas mandíbulas, cuando atacan en manada.

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