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INSÓLITO: COMISARÍA DE TIZIMÍN TIENE UN SOLITARIO HABITANTE

*Don Javier, único habitante de la comisaría Lázaro Cárdenas, en Tizimín, cuida a su vaca, su becerro, un guajolote, dos gallos, unas gallinas y su fiel perrito

Redacción /Sol Yucatán

Tizimín. – Al escuchar el ruido de un vehículo entrar a su comunidad, pues es raro que alguien lo visite, se asoma el viejecito caminando con dificultad, pero eso sí, alegre y acompañado de su fiel perrito, mientras afuera, su vaca, a quien apoda «La Socia», y su becerro, «El Solovino», pastan de la yerba que la madre naturaleza les regala.

Saluda al que esto escribe, siempre con una sonrisa, pues le alegra ser visitado y de inmediato nos invita a pasar, toda vez que vive sólo en este pueblo sin luz, sin agua potable, sin un techo digno donde cubrirse del agua cuando llueve, pues apenas su humilde casita es de huano y plásticos, pero tiene agujeros por todos lados.

A un costado se alcanza a ver una olla llena de tizne, donde cocina sus frijoles y donde caliente su agua. Entonces don Javier voltea y dice: «estoy calentando mi agüita porque hoy me toca baño» y suelta la carcajada.

Al centro, su hamaca vieja, deshilada, descolorida y luego voltea la mirada hacia el techo: «mira, ve el techo, lleno de agujeros porque esta casita la construyeron hace más de 50 años mis padres ya fallecidos, Tiburcio Ak y María Amparo, yo tenía 16 años cuando llegamos aquí, también con mis hermanos Eulogio, que también ya murió, los otros se fueron a otros lugares, pero yo me quedé, no he tenido dinero para arreglar la casita, aquí vivo sólo con mi vaca, le puse «La Socia», mi becerro «El Solovino», un pavo, mis gallinas y mis gallos, los quiero como mi familia, por eso no me los como, pobrecitos».

«Se me han muerto unos animales y he llorado, pues son mi familia y con el poquito dinero que gano me sostengo, le compro maíz a mis animalitos, yo soy el único habitante aquí».

De pronto se acordó de los políticos, ahora que se acercan las campañas.

«No cumplen, no me han regalado unas láminas para arreglar el techo de la casita, las he pedido en el Ayuntamiento, pero Mario González no me ha ayudado, dice que otra vez quiere ser Presidente, pero cómo lo voy a apoyar si el agua se mete por todos lados, hay frío en la madrugada y tengo que ponerle lonas en los agujeros, aquí lo único que me alegra son los cantos de los pájaros, de mis gallinas, de mi guajolote, yo platico con mi becerro, yo lo críe desde que nació, al ganado tienes que amansarlo bien para que puedas platicar con él, rascarle, arrancarle sus garrapatas y se amodorra, agacha su cabeza y se repega a mí, como si te respondiera, sabe que yo lo he cuidado desde que nació, son animalitos que entienden, entonces por qué habría de matarlos, son de mi familia, igual la vaca me ha agarrado cariño, así ha sido toda mi vida, eso es lo que me hace feliz, amigos no tengo», añadió don Javier.

Pero también se alimenta de lo que le dan sus arbolitos, aunque esto no es suficiente y compra tortillas y sus frijolitos, que no faltan en su alimentación.

«Aquí tengo árbol de naranja, de la cajera, una fruta dulce que se parece a la china»; pero de pronto la lente de Sol Yucatán capta como el guajolote, sus gallos y sus gallinas rodean a Javier y preguntamos este movimiento extraño de sus animalitos.

«Se acercan como cuidándome, porque ven gente extraña, por eso digo, cómo voy a comerlos, yo los alimento, temprano les doy su maicito». Y pareciera que saben que hablamos de ellos y su pavo, un macho grande que pareciera decir: «aquí estoy presente», y gira alrededor de su amo.

«Eso es lo que me da vida, los animales, el cantar de las aves, la sombra que dan los árboles, ya no me preocupa si vienen o no los de la política, porque aquí nunca han venido a ayudarnos desde que llegamos a vivir a Lázaro Cárdenas, a la entrada está una casita del comisario Nemesio Escobedo, pero él vive en Mérida, así que soy el único habitante, pero es cierto, ya no tardan en pasar esos señores.

«Me acuerdo que hasta mandan por nosotros un camión para llevarnos a los mítines y el último al que acudí fue para apoyar a Mario González, pero no hubo ni torta ni refresco», jamás nos han ayudado y a la hora de su política estamos aplaudiendo y que nos dan, nada», dice este viejecito, quien acompaña al representante de esta casa editorial a abordar su vehículo al concluir con la entrevista y el recorrido con este bello pueblo, donde al costado izquierdo se alcanza a ver entre la maleza, casi cubierta por la yerba, una pequeña vivienda.

«Ahí era la escuela, ya tiene como 40 años que se cerró, las familias se fueron, los niños crecieron y todo quedó abandonado, se está echando a perder, recuerdo cómo corrían los niños cuando iban a clases, pero todo eso ya quedó en el olvido, porque nunca nadie se preocupó por ayudar para que la gente se quedara y estudiara», concluyó don Javier, con evidente nostalgia en sus ojos.

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