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ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/ Sol Yucatán 

Pugnas entre posibles candidatos

que no sé de qué sirve haber nacido, que me miro las manos rechazadas, que no hay trabajo, no hay

J. Gelman: “Oración de un desocupado”

Pasado ya el revuelo electoral, no podía faltar, sorpresivamente, el golpe periodístico que buscaba descolocar el ritmo de trabajo del régimen de la 4T, como parte de las tareas desestabilizadoras que desde tiempo atrás buscan moverle el tapete a AMLO y su gobierno. En este caso correspondió al diario estadounidense New York Times intentar esa tarea, utilizando información filtrada sobre el accidente de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México y con ella enfrentar a los dos candidatos naturales –Sheinbaum y Ebrard– del grupo de López Obrador para sucederlo.

Desde luego, el petardo no tuvo ningún efecto, pues sólo muy pocos se conmovieron con la noticia, aunque ella sí, por ejemplo a mí, me llevó a pensar en algo que sí considero trascendente: ¿cómo se va a dar la sucesión de López Obrador dentro de tres años; cuáles irán a ser los procesos que esa sucesión va a concretar? Es decir, se tiene que cavilar desde hoy en algo diferente, toda vez que habría que pensar en la continuidad y consolidación del proceso de cambio social iniciado con la 4T por así convenir a la Nación. Y no se trata sólo de reconocer que la calidad y cantidad de candidatos están en el sector de esa mencionada 4T, sino, además, en la conveniencia de modificar de manera sustantiva las reglas con las que, antes, en el pasado inmediato, operaba la transición de un gobierno a otro, que era, más que nada, resultado de conciliábulos, negociaciones y acuerdos en lo oscurito entre los diferentes grupúsculos políticos del país, fueran del signo que fueran, conservadores todos al final de cuentas, como hoy, en las recientes elecciones pasadas, quedó demostrado.

¿Qué pues entonces cambiar, para que la sucesión en el bando social de la 4T inaugure, en lo político, nuevas formas de elegir al sucesor? Apostarle a la sinceridad pareciera ser fundamental (adiós radical al tapado): el yo quiero ser y demostrar el por qué, pareciera ser un requisito esencial. Otro, por igual importante, es tener montado con la anticipación suficiente el foro en el cual podrían discutir eventualmente los aspirantes a la candidatura, tocándole tan trascendental tarea al partido político que cobija al proyecto de la

4T y que se supone le quiere dar continuidad a ese proyecto, pues mucho falta aún para que el país sea lo que las mayorías queremos. Y a partir de allí, las propuestas a fin de discutirlas abierta y públicamente para evaluarlas con el mayor rigor posible, a fin de que se enriquezcan entre ellas y que la más viable sea, al final, la triunfadora. Adiós al hombre; bienvenido el programa.

Así pues, sobre las reglas de ese juego mucho hay que bordar, entre otras cosas, para evitar los petardos como el del NYT y muchos otros que van a venir destinados a desgastar a los contrincantes y de paso ver si por esa vía se puede modificar o limitar la 4T.

Como sea, es tiempo ya que Morena comience a discutir cómo desarmar los sabotajes que se pueden instrumentar por esa vía y cómo, más que nada, se insiste, inventar nuevas reglas del juego para la sucesión presidencial.

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