Hoy Escribe

ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / SOL YUCATÁN

Tiempo de esperar otros tiempos

Me gusta existir. No me gusta pensar.

Las cosas y los seres sin ambición son mis maestros

Luna: “Paisajes”

En memoria del maestro Víctor Flores Olea

El Presidente estuvo el pasado sábado aquí, en Ensenada, rodeado de los acarreados de siempre y de cientos de otros ciudadanos para quienes con verlo es suficiente. El AMLO de otras veces se ha convertido hoy en el Presidente que no queda sino verlo de lejos, atrás de las vallas que se montan en todos aquellos lugares a donde va. En ese sentido nada ha cambiado respecto a antes: el orden es el orden, no queda más. Es decir, la investidura impone y los rigores de la seguridad subsisten más allá de cualquier cosa. Como subsisten también, creo, las medidas que impiden modificar, muy a fondo y en concreto, la realidad opresiva que en Europa se hizo presente a principios del siglo XVI y entre nosotros a fines del XIX. Es decir, se hace referencia aquí al capitalismo como sistema, al que la 4T no ha podido tocar ni con el pétalo de una rosa.

Por ejemplo, ¿cómo nos ilustra La guía ética para transformar a México al respecto? En este folleto de López Obrador predomina de nuevo la idea de que la transformación social del país se debe basar en una lucha a fondo en contra de la corrupción y la impunidad de los corruptos, sin hacer para nada referencia a las raíces profundas que han hecho de nuestro sistema social un verdadero cúmulo de injusticias y rapacidades que tienen brutalmente desgarrado el tejido social que nos cobija y une como país. Hay allí, pues, una realidad que no se puede negar: la lucha de clases en México, desde fines del XIX a nuestra época es la razón profunda que ha generado al país que hoy somos; un país al que todo le duele, pues las diferencias que existen entre quienes todo lo tienen y los millones de pobres que aquí habitan son dolorosas, muestra de una injusticia construida acuciosamente, durante más de cien años, por los dueños de la riqueza del país. Esa, y sólo esa, es la razón de por qué hoy tenemos al país que tenemos, y al que si queremos realmente cambiar por allí hay que encaminar nuestros esfuerzos.

¿Por qué, pues, suenan a insuficientes los afanes de la 4T por transformar hoy al país? Quizá porque la conciliación entre clases, que es la estrategia a la que la 4T privilegia, es un accionar insuficiente y hasta ramplón para remediar las profundas heridas causadas al país, particularmente por el neoliberalismo que polarizó como nunca antes la acumulación de la riqueza, que ha destruido sin freno ni medida al medio ambiente, que ha profundizado heridas sociales como el narcotráfico y el feminicidio y que, en la vía de los hechos, mantiene al borde de la extinción a muchos de los pueblo originarios del país. ¿Qué ha hecho la 4T para evitar eso? Hasta hoy nada significativo.

Pero qué importa. El espectáculo permanece, las porras, los aplausos no cesan. En los rostros de los acarreados y curiosos hay un fervor verdadero porque allí, cerca de ellos, está el Presidente, no importa que Costa Azul (que ayudará a los negocios de explotar y negociar los excedentes de gas que hoy existen en el país por medio de Ienova, la verdadera central de la planta) tenga ya el permiso para expanderse, a costa de violentar todas las normas ambientales de su entorno, poniendo en grave riesgo a esta ciudad, Ensenada, a la que a cambio le enchapopotearán algunas de sus calles.

Todo sea por la 4T.

 

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