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El efecto AMLO se ve ya por todas partes. No solamente México abandonó el sitio que ocupaba hasta el año pasado como país atractivo para las inversiones y capitales foráneos, sino que ahora los hombres de negocios mexicanos prefieren invertir en el extranjero.

La ausencia de Estado de Derecho, la inseguridad, la incertidumbre política, las violaciones a los contratos mercantiles y las decisiones equivocadas de un gobierno retrógrado, están atizando la fuga de inversiones hacia naciones donde ofrecen certeza y seguridad jurídica.

Sí, estamos de acuerdo en ayudar a los pobres como reza el sermón mañanero del autócrata de Palacio Nacional, pero los hombres de negocios y empresarios son quienes crean las fuentes de trabajo, única manera de combatir la pobreza y los rezagos sociales.
Acusaciones de corrupción –las cuales nunca ha demostrado-, señalamientos de contratos leoninos, desaire a ofrecimientos de los empresarios para hacer inversiones millonarias en infraestructura, y un sinfín de embates al sector empresarial han minado en demasía la confianza de los hombres de negocios de México.

Si la idea del presidente López es darle dinero a los sectores más vulnerables y desprotegidos y abandonar a su suerte a quienes crean empresas y empleos, además de desdeñar grandes proyectos de inversión privada, ¿a dónde irá el país?

Las bajas en las calificaciones de la calidad crediticia de México dadas a conocer por Fitch Ratings, Standard & Poor’s y Moody’s Investors, así como de las empresas productivas del Estado como Petróleos Mexicanos, también influyeron en que muchos inversionistas busquen otras alternativas en mercados foráneos.

Según el Banco de México, entre abril y junio la inversión directa de México hacia el extranjero sumó cinco mil 29 millones de dólares, lo que implicó un incremento anual de 316 por ciento, su mayor monto para un periodo similar desde hace ocho años.

Los millonarios apoyos crediticios y fiscales que muchos países han otorgado a los empresarios, representan una gran ventaja competitiva para las inversiones.

En contraste, las nulas alternativas de inversión que se tiene en México producto de las ocurrencias y caprichos presidenciales y que se han materializado en temas como la cancelación de importantes proyectos de inversión privada, o el riesgo de que los existentes no se vayan a cumplir por los dislates del presidente López, han sido los detonantes de la fuga de inversiones.

Perú y Guatemala han anunciado apoyos fiscales que superan con creces los propuestos por México en relación a su Producto Interno Bruto (PIB), aportando el 12 y 3 por ciento, respectivamente. Ni qué decir de Reino Unido, Francia y Estados Unidos, quienes han destinado el equivalente al 17.7, 15.2 y 10.5 por ciento de su PIB, respectivamente. México aplica solo 0.7 por ciento de su PIB.

¿Habrá mexicanos que todavía crean en la Cuarta Transformación?

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