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LA MASACRE DE VILLA UNIÓN, OTRO ACTO DE NARCOTERRORISMO

Ricardo Ravelo / Sol Yucatan

–EL abatimiento de 24 personas en Villa Unión, Coahuila, mediante ataques armados que iniciaron desde el domingo 1 por parte del Cártel del Noreste, es otro acto del narcoterrorismo que el gobierno rechaza calificar como tal, pues prefiere seguir aceptando que en México sólo hay delincuencia organizada. Así cierra el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, entre balaceras, muertos, impotencia oficial y una ceguera institucional que se niega a reconocer lo evidente—el desastre nacional en materia criminal –pero que festeja con un discurso triunfalista como si el país estuviera en jauja y envuelto en una estela paradisiaca. 

Otra batalla criminal se libra en Villa Unión, Coahuila, entre la policía estatal y sicarios del Cártel del Noreste, uno de los más violentos del país, cuyos hombres armados balacearon el palacio municipal de esa localidad, sembrando el terror entre la población. 

Este hecho –tan violento como el operativo fallido de Culiacán, efectuado en octubre último –puede ser clasificado también como otro acto terrorista, pero el gobierno federal rechaza tal consideración. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reconoce que en México hay delincuencia organizada, pero rechaza que haya narcoterrorismo, tema que ha inundado generado controversia y polémica luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó que en su país los cárteles del Golfo, Zetas, Sinaloa y Cártel de Jalisco Nueva Generación serán clasificados como organizaciones terroristas. 

Apenas hace menos de quince días, el Cártel del Noreste puso de cabeza al estado de Tamaulipas: comandos armados de ese grupo criminal incendiaron vehículos, secuestraron y descuartizaron a varias personas, presuntamente rivales suyos, y causaron un verdadero estado de alarma en Nuevo Laredo, convertida en un territorio sin ley durante varios días. 

Luego, la violencia y el terror pasó a Nuevo León, donde también perpetraron varios asesinatos y, ahora, tocó el turno al municipio de Villa Unión, Coahuila, un bastión que hasta hace no muchos años estaba bajo el dominio de Los Zetas, otrora brazo armado del cártel del Golfo. 

En esta demarcación se enfrentaron agentes estatales y municipales con hombres armados del cártel del Noreste: entre las bajas de ambos bandos, hasta ahora, se contabilizan 24 muertos, una verdadera carnicería. 

Ninguna autoridad federal pudo frenar esta barbarie. 

De los Zetas al CN 

El cártel de Los Zetas –fundado por Arturo Guzmán Decenas y Heriberto Lazcano Lazcano en 1997 para ser el brazo armado del cártel del Golfo –tuvo como principales bastiones los estados de Tamaulipas (su cuna), Nuevo León y Coahuila

En este último estado se afincaron durante el gobierno de los hermanos Humberto y Rubén Moreira, quienes se habrían ligado al narcotráfico y, en particular, al cártel de Los Zetas. 

En esa época, el cártel de Los Zetas era encabezado por Heriberto Lazcano Lazcano, conocido como El Z-1. Pero antes de ser asesinado el cártel 

de Los Zetas se dividió y una ala importante la encabezó Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, quien junto con su hermano, Omar, logró expandirse hacia el Valle de Texas, donde echaron a andar un jugoso negocio de lavado de dinero basado en la compra de caballos de carreras. 

El Z-40 –Miguel Ángel Treviño Morales –fue detenido en Nuevo León en 2012, posteriormente Omar, su hermano, también fue capturado cuando las autoridades norteamericanas detectaron la amplia red de lavado de dinero y procedieron a su desmantelamiento. 

Después, durante un enfrentamiento entre marinos y narcotraficantes, presuntamente fue abatido Heriberto Lazcano, El Lazca, cuyo cuerpo cayó perforado por las balas en la zona carbonífera de Sabinas, Coahuila. 

Cuando velaban a El Lazca, un comando armado se robó el cuerpo y la Marina logró rescatarlo. Surgieron dudas respecto de la identidad de Lazcano. El gobierno de Felipe Calderón ofreció acreditar la identidad con exámenes de ADN que se practicarían a familiares del jefe de Los Zetas, pero los resultados nunca fueron dados a conocer. Todo quedó envuelto en un misterio absoluto. 

Tras estos hechos, que terminaron con el liderazgo hegemónico de Los Zetas, surgió en Tamaulipas el cártel del Noreste. Lo encabeza Juan Gerardo Treviño Chávez, sobrino de Miguel y Omar Treviño Morales. 

Se trata de un narcotraficante temible y sanguinario que no tiene límites en matar con saña. Sigue la vieja escuela de sus tíos y practica la decapitación y el descuartizamiento de sus víctimas, modalidades de muerte que pusieron de moda tanto Los Zetas como los Kaibiles, sus aliados, surgidos del ejército de Guatemala

El cártel del Noreste es el tercer grupo criminal más sanguinario, después de Los Zetas y del cártel de Jalisco Nueva Generación, que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, cuyo asiento está en la zona del occidente de la República mexicana. 

El cártel del Noreste no está en la lista de grupos terroristas que planteó el presidente Donald Trump para que el Congreso clasifique a algunos cárteles como grupos terroristas y de esa forma combatirlos con todos los recursos internacionales. 

El gobierno de México, hasta ahora, se niega a clasificar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas, pues el presidente Andrés Manuel López Obrador dice que no quiere que grupos armados desaten la violencia en el territorio nacional y se lleve a cabo un baño de sangre. 

El mandatario prefiere seguir con su política de abrazos y no balazos, mientras en el país sigue escurriendo sangre humana por todas partes.

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