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LAS ENFERMEDADES DEL PRESIDENTE

Soy un chamaco en comparación a otros, mi salud está bien: AMLO

Así responde a los cuestionamientos sobre su salud
 
Francisco Medina/Sol Yucatán

CDMX.-Soy un chamaco en comparación a otros, mi salud está bien, señaló el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador al hablar sobre su edad y estado de salud  y agregó que no tiene problema con dar a conocer este tipo de temas. Incluso los retó para que sigan su agenda.

“Se cuestiona mucho que yo tenga hipertensión, esa es mi enfermedad, eso fue lo que me llevó al infarto, pero estoy muy bien, agradezco a la ciencia, a la naturaleza al creador de que estoy vivo.

Estoy perfectamente bien. Me gustaría quienes sostienen que estoy enfermo hicieran la jornada que hice el pasado fin de semana, de visitar en tres días cuatro estados”, afirmó.
Respecto a su edad señaló que tiene 65 años pero “me siento muy fuerte” y la edad ayuda por la experiencia.

“Les dejo de tarea que investiguen qué edad tienen los gobernantes de las naciones, de los países de mayor importancia económica y política, yo soy un chamaco en comparación a ellos”.

Sin embargo, cada una de las decisiones que ha tomado Andrés Manuel López Obrador ha estado rodeada de controversia. Aunque es claro que los cambios no se logran de forma inmediata, existen personas que han comenzado a perder la paciencia.

Una de las cosas que ha llamado la atención es una petición creada en la plataforma virtual ‪Change.org‬ que propone una consulta nacional acerca de la salud física y mental del mandatario.

De acuerdo con la descripción de la petición, debe ser obligatorio que se analice que López Obrador cuenta con perfecta salud. Lo que se propone es realizar un análisis médico y de capacidad mental. Una vez realizado, los resultados deben ser publicados para el conocimiento de toda la población. Hasta el momento, la petición ya ha sido firmada por más de 5 mil personas.

El pueblo de México tiene la necesidad y el derecho de conocer el estado de salud del Presidente de la República. Su estado psicológico y la capacidad mental para gobernarnos y tomar decisiones trascendentales.

Las acciones afectan la vida de los más de 120 millones de mexicanos que vivimos en territorio nacional y una importante cantidad que viven en el extranjero.

Todo parece indicar que López Obrador padece de Paranoia y de Epilepsia Mental, además de otros problemas personales que lo inhabilitan, como veremos a continuación.
 
La Paranoia

La paranoia está determinada por dos ingredientes fundamentales, el delirio de grandeza y el delirio de persecución; la psiquiatría distingue en la misma además el error de juicio (predominio en la interpretación de signos)  y una agresividad reivindicadora con respecto a los otros.

La idea del complot cada vez que López Obrador califica  los sucesos políticos que pueden afectarle es, evidentemente, un componente de su delirio de persecución: “acusan a los demás de corruptos porque quieren acabar conmigo”, “se confabulan exhibiendo a los delincuentes porque quieren acabar con mi carrera”, “los empresarios hicieron el complot para no dejarme llegar a la presidencia”, “las televisoras se confabularon para que yo no ganara”, “sonaron las campanas en catedral porque la mafia política quiere acabar conmigo”.

Pero, ¿quiénes quieren acabar con él? Comenzó señalando al “innombrable”. Nunca ha explicado de manera coherente porqué le llama así a Carlos Salinas de Gortari; ¿Por qué no quiere o no lo puede nombrar? ¿Qué problema personal se lo impide?
Queda clara la identificación de Salinas con el padre, en el inconsciente de López Obrador, si recordamos la interpretación de Freud sobre el caso de Schreber: “la paranoia de Schreber era un intento por superar el complejo paterno, especialmente el componente homosexual pasivo”, se cae en la paranoia como defensa contra la homosexualidad, “yo no lo amo, lo odio” que luego se convierte en autodefensa: “me odia”; “de este modo, su propio odio es relacionado con este contenido: le odio porque me persigue”. “La persecución representa la tentación homosexual, transformada en una temible amenaza que actúa independientemente de la voluntad del paciente”.

Andrés Manuel ha mitificado inconscientemente de tal manera la figura de Salinas de Gortari, le ha conferido tal capacidad de maniobra, tal poder: “es el innombrable, el non plus ultra, nadie puede más que él, quiere acabar conmigo (miedo a la castración)”, que queda clara la figura patológica, el delirio de persecución solamente escondido para el que lo padece.

Salinas fue además, en una época, jefe de López Obrador; más que eso, jefe de sus jefes, “el jefe supremo”, la figura ideal para identificar con el padre, en este caso con el padre malo.

A Felipe Calderón lo llama “el pelele”; tampoco lo puede nombrar, el caso es equiparable al de Salinas de Gortari,  ocupa precisamente el mismo cargo que tenía Salinas y “que le arrebató” a él, y se aplica el mismo análisis en consecuencia.

El otro síntoma de la paranoia, el delirio de grandeza, no requiere de mucha explicación: “México necesita a López Obrador, si no, el país se va a ir a la ruina, viene el caos”, “la única esperanza para que esta nación se salve es Andrés Manuel”, todos los demás, si están en su contra, forman parte del complot: Creel, Fox, la CIA, la DEA, Diego, Cuauhtémoc, Rosario, Ahumada, Calderón, Azcárraga…

Con esa lógica, la gente actúa no en base a sus propias cualidades y debilidades, el país ha ido hacia adelante o hacia atrás no debido a ingredientes generales de tipo económico, político, social y otros, sino porque “quieren acabar con Andrés Manuel”, ¿por qué?, porque saben que Andrés Manuel es el “rayito de esperanza”, “el que acabará con los malos y hará que prevalezca el bien”, “el salvador de la patria”, en otras palabras: el predestinado.
Queda más que claro el delirio de grandeza. Los anteriores delirios, sumados, nos permiten diagnosticarle paranoia.
 
La Epilepsia Mental

La epilepsia puede darse de dos maneras: motora, que es la más evidente porque el cuerpo se convulsiona y mental que sólo se percibe cuando se conoce el cuadro clínico que la determina.

Según un magnífico psicoanalista, Otto Fenichel, “con lo que mejor se puede comparar un ataque epiléptico es con la crisis afectiva”, para efectos de explicarlo y éste se produce “solamente en personalidades orgánicamente predispuestas”, tales individuos son propensos a reaccionar a ciertos estímulos externos, presiones, que capta el encefalograma y provocan descargas explosivas y convulsivas.

En la mayor parte de sus conferencias matutinas de prensa cuando era jefe de gobierno, Andrés Manuel mostraba claras lagunas mentales al dirigirse a su auditorio, decía algunas palabras y su mente se quedaba en blanco hasta que volvía a pronunciar palabras que completaban (o pretendían hacerlo así) su idea; él lo explicaba aduciendo que “tenía que hablar despacito” para expresarse mejor, para no equivocarse, pero entonces basta que uno se pregunte ¿Por qué todos los demás no padecen esos espacios verbales? ¿Por qué los demás hablan “de manera normal”? para intuir que hay algún problema; tal vez nadie se lo haya dicho a Andrés Manuel pero su enfermedad se llama “Epilepsia Mental” y la padece debido a que es más sensible orgánicamente a las presiones externas; es su manera de reaccionar a las presiones de la carga de trabajo, a sus problemas emocionales, familiares, laborales, de corrupción y excesos de colaboradores. Hay personas que ante las mismas presiones comienzan a sudarles las manos, tartamudean, se exasperan y gritan, se enojan, sobre reaccionan; de este punto se pasa a la verborrea incontenible, sin razonamientos, con exposiciones casi a gritos, que es lo que actualmente sucede a López Obrador.

Queda clarísimo el cuadro de epilepsia mental en el ex candidato.
 
Hay más

El organismo de Andrés Manuel reacciona con epilepsia mental, además de otro mecanismo de defensa que se llama “de negación”; basta con negar o no reconocer los problemas para que queden eliminados.

Pero es evidente que esa es la manera errónea de responder a los problemas.
La personalidad adecuada para manejar una empresa, un país o un partido es la que reacciona con calma a las situaciones inesperadas; en las clínicas de la conducta, uno de los tests que se hacen a posibles ejecutivos es precisamente para saber cómo reaccionarán ante lo inesperado.

La reacción de López Obrador ante lo inesperado es siempre errónea, negativa.
Por otra parte, López Obrador corrigió uno de sus graves defectos: decía “fuistes, llegastes, entrastes”, con la “ese” al final de tales palabras. Se lo hicieron notar, lo corrigió y nadie, ni él, le dio la debida importancia.
Pero el problema es grave porque refleja una profunda incultura, peor que eso, una gran ignorancia. Lo primero que denota es que se trata de un individuo que no lee, que nunca adquirió el hábito de la lectura; los errores gramaticales se van acumulando desde la niñez porque los padres nunca motivaron al niño.

Lo segundo es que generalmente se trata de personas que si estudiaron alguna carrera es de tipo técnico (contabilidad, administración, medicina, ingeniería) y descuidaron el aspecto humanístico que para proporcionar cultura depende en gran medida de haber sido motivados desde niños al hábito de la lectura y, desde luego, de la formación académica.
Lo grave en este caso es que se trata de un hombre que quiere ser Presidente de la República y queda claro que no es apto para tal puesto.

La paranoia no es curable, la epilepsia mental es controlable a base de medicamentos, la reacción negativa a las situaciones inesperadas y el mecanismo de “negación” como defensa requieren muchos años de tratamiento psicoanalítico para solucionarse a la edad que tiene Andrés Manuel.

Pero la ignorancia, la falta de cultura, formadas desde la infancia, han sido asimiladas y construidas a todo lo largo de su vida y en consecuencia requerirían de otra vida para cambiar su personalidad deficiente.
En otras palabras, Andrés Manuel no tiene cura, tendría que volver a nacer para poder cambiar.

Desde las campañas electorales para renovar la Presidencia de la República, periodistas como Pablo Hiriart, Raymundo Riva Palacio y Carlos Loret de Mola han escrito sobre visibles problemas de salud del fundador de Morena.
Señalaron que neurólogos de Miami viajaban constantemente a México para atender a López Obrador. Esto, sirvió de pretexto para que los rivales de AMLO en la contienda electoral, Ricardo Anaya, del PAN y José Antonio Meade, del PRI, lo golpearan políticamente.

Ante las críticas, Andrés Manuel respondió: «Estoy rebién, hasta me puedo parar en un solo pie, voy al beisbol y todavía macaneo… Tengo salud para ser presidente”.

Ni su triunfo del 1 de julio apagó los rumores, pues una visita de AMLO al médico, ‪el 2 de octubre‬, encendió nuevamente las alertas sobre su salud. El presidente electo dijo que fue “chequeo de rutina” y que se encuentra “muy bien”.

En El Universal se dice que ya no es el “corazón” lo que obliga a López Obrador a acudir a consulta, sino un padecimiento que “pone en riesgo su movilidad”, incluso que le “habrían quemado los nervios del cuello para esconder una grave dolencia en las cervicales”. Agregan que sufre de “mucho dolor de espalda y por eso en los mítines se le ha visto encorvado”.

Las versiones también apuntan que le urge una intervención quirúrgica y necesitaría reposar varias semanas, pero ante la presión por el proceso electoral el morenista no quiso operarse.

Andrés Manuel López Obrador está a menos de dos meses de asumir la Presidencia del país y solo sabemos que se “toma un cóctel de pastillas” todos los días, entre ellas una de “amlodipino” para la presión. 

Mientras el presidente electo reitera que está en buen estado, sus detractores insisten en que es poco transparente con su salud, pues se trata de un asunto de seguridad nacional.
Ante una constante dolencia en la espalda, al presidente electo de México, Andrés Maniel López Obrador fue sometido a una intervención quirúrgica para quemarle los nervios debajo de la nuca y mitigar en algo las molestias, según reveló el periodista Carlos Loret de Mola.

A través de su columna en El Universal, el periodista aseguró que el mal que aqueja al mandatario electo pone en riesgo su movilidad. Esa cirugía fue realizada en el más estricto secreto.

“Según fuentes cercanas al mandatario electo, le tuvieron que quemar los nervios del cuello para esconder una grave dolencia en las cervicales, que son las vértebras que están en la base del cráneo y que envuelven para proteger a la médula espinal”, destacó Loret de Mola.

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