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LOS SUEÑOS DE JUVENTUD SE APAGARON PARA LOS HERMANOS GONZÁLEZ MORENO

LOS SUEÑOS DE JUVENTUD SE APAGARON PARA LOS HERMANOS GONZÁLEZ MORENO

Redacción/ Sol Yucatán

Jalisco. – El amor por la vida, la música, las artes y la ciencia, se apagó de manera inesperada para los hermanos Karen, José Alberto y Luis Ángel, jóvenes que para alcanzar sus sueños tenían que trabajar y estudiar.

Luis Ángel, de 32 años de edad, el mayor, era técnico musical egresado de la Universidad de Guadalajara y violinista. Laboraba para sacar adelante a su familia y sus gastos propios, pero nunca se apartó del instrumento de cuerdas y cada vez que tenía oportunidad, participaba en conciertos pequeños.

Él recién había dejado un trabajo para iniciar un proyecto de impresión y serigrafía, pero la vida no le dio tiempo.

José Alberto González Moreno, de 29 años,  era Chelista -tocaba el Chelo- y estudiaba la licenciatura de Geografía en la Universidad de Guadalajara”, había permanecido dos semanas enfermo por Covid-19 y había recibido el examen negativo para volverse a presentar a laborar a partir del próximo sábado.

Aunque el chelo le apasionaba, lo estudió con el maestro Gamaliel Cano y llegó a formar parte de la Orquesta de Cámara de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), como corista y músico, nunca abandonó las ciencias, estudiaba por la vía virtual y una de sus profesoras, la investigadora Ana Cecilia Valencia, lo llegó a integrar como asistente de investigación, por su perfil como amante de las matemáticas y de los sistemas de computación.

De acuerdo al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) su promedio de calificación era 99.99. Nunca dejó de trabajar por las tardes para la empresa Sanmina.

Ana Karen González Moreno, de 24 años de edad, también trabajaba en una empresa dedicada a colocar plásticos en los asientos de los automóviles y colaboraba con la casa. Ella también tenía inclinación por las Bellas Artes, pero principalmente por el dibujo y la pintura.

Dentro de sus sueños estaba estudiar, su familia la recuerda con excelentes calificaciones y estaba por retomar sus estudios, solo faltaba decidirse si sería entre ingeniera bióloga o médico veterinaria. Su opción sin duda alguna era la educación pública y en concreto la Universidad de Guadalajara.

“No le hacían daño a nadie, eran buenos muchachos”, dice una de sus asustadas vecinas que no vio, pero sí escuchó lo ocurrido el viernes, gritos y golpes. Hoy su mamá se ha quedado sola.

 

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