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NARCOTRÁFICO: EL DOBLE DISCURSO DE AMLO

Ricardo Ravelo / Sol Yucatán

Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se acusó a Raúl Salinas –su hermano –de tener vínculos con Juan García Ábrego, “La Muñeca”, jefe del cártel del Golfo en ese tiempo y uno de los capos más boyantes de la época.

Pero nunca se supo de reuniones públicas ni de encuentros casuales –en política nada es casual –como ahora ocurrió con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien dijo que de manera fortuita se encontró a la madre de Joaquín Guzmán Loera en La Tuna, Sinaloa –doña Consuelo Guzmán –y tuvo que saludarla.

Ahora se sabe que no sólo fue un saludo casual, como refirió el presidente: se afirma en diversos medios acreditados que López Obrador se encontró, además, con el hermano de “El Chapo”, Aureliano Guzmán, y luego se fue a comer con la familia de Guzmán Loera-

Este evento –sin precedentes en la historia del país – ha generado diversas controversias, ya que el presidente justifica el saludo con la señora Consuelo Loera “porque mi obligación es atender a todos los mexicanos”, pero en meses recientes, por ejemplo, se negó a recibir al activista Javier Sicilia y a la familia Lebarón cuando decidieron realizar una marcha de protesta por la violencia desde el estado de Morelos hasta el zócalo de la ciudad de México.

En ese entonces, Sicilia pidió ver al presidente para pedirle que replanteara su estrategia de seguridad debido al fracaso de la misma, ya que la violencia de alto impacto no cesaba, por el contrario, se recrudecía, como hasta ahora, con los homicidios –casi 30 mil en poco más de un año –además de las actividades de narcotráfico, secuestros, entre otros.

No es todo: el presidente también está siendo duramente criticado porque en México existen miles de familias esperando justicia y, hasta ahora, no ha tenido la misma deferencia q lue mostró con los miembros del cártel de Sinaloa.

Se trata de los deudos de personas asesinadas y desaparecidas que han pedido el apoyo del gobierno para saber el paradero de sus familiares. Algunos exigen que sus seres queridos aparezcan vivos, pero otros sólo desean saber qué pasó con ellos porque desconocen si fueron asesinados o están con vida en algún lugar.

Como se conoció el lunes 30, la señora Consuelo Loera le envió una carta al presidente en la que le solicita su intervención ante el gobierno de Estados Unidos para visitarlo en la prisión. Se sabe que también le pidió que interviniera para que fuera repatriado.

El presidente atendió la petición y le respondió a la madre de “El Chapo” que pronto tendría una respuesta. Esto querría decir que la gestión está en trámite.

Sinaloa: un cártel protegido

En un año y medio, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ha emprendido ninguna acción para contener a los cárteles del narcotráfico, pero menos para desarticular al cártel de Sinaloa, el más poderoso del planeta y cuya sede está en el estado de Sinaloa.

Los miembros de esta organización operan con toda impunidad. Los hijos de “El Chapo” –Iván Archivaldo, José Alfredo y Ovidio encabezan una ala del grupo criminal; Aureliano Guzmán, hermano de “El Chapo”, opera otro

frente, e Ismael “El Mayo” Zambada dirige otro de los bloques del cártel. A esta estructura se suma, según la DEA, Rafael Caro Quintero, viejo capo, quien opera en Sonora.

Pero no sólo Sinaloa está impune e intocado como cártel: el resto de las organizaciones –catorce en total –experimentan cero acción del gobierno debido, entre otras razones, a que no existe una política criminal objetiva y clara.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que no usará la violencia para combatir la violencia, pero lo cierto es que sin acciones legales, sin la aplicación de la ley es muy complicado abatir los índices de criminalidad que imperan en México.

Debido a su elevado poder, a la protección que ha recibido de distintos gobiernos, el cártel de Sinaloa es una de las organizaciones a las que se le atribuye un elevado porcentaje de la violencia en México; también es señalado de orquestar un gran número de desapariciones forzadas en México. Es por ello que buena parte de la sociedad mexicana repudia la acción del presidente de saludar a la madre de quien tanto daño le ha hecho al país.

Los que mandan

Los miembros legendarios del cártel de Sinaloa –el que ahora protegen desde el gobierno de la Cuarta Transformación –empezaron sus actividades en los años setenta. Se trataba de Ismael “El Mayo” Zambada, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul” –supuestamente muerto desde el 2014 –, entre otros. Todos ellos se formaron a la sombra de Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, el más longevo de los capos.

Por otra parte, existe otro grupo de Sinaloenses que se congregó con Pablo Acosta Villarreal, quien operaba en Ojinaga. Fue Fonseca Carrillo, tío de los hermanos Carrillo Fuentes, quien pidió a Pablo Acosta que le diera trabajo a sus sobrinos. Acosta aceptó y hasta Ojinaga viajaron Amado, Cipriano y

Vicente Carrillo. Acosta fundó el cártel de Juárez y, tras su muerte, heredó parte de la organización criminal a sus familiares.

A finales de los años ochenta y hasta 1993, los Carrillo Fuentes operaban en el cártel de Juárez bajo las órdenes de Rafael Aguilar Guajardo, asesinado en Cancún en ese año y cuya muerte –aunque no se probó –se le atribuyó a Amado Carrillo, quien heredó el poder.

Cuando Carrillo Fuentes tomó el control del cártel de Juárez se aliaron con él Esparragoza Moreno, “El Azul” e Ismael “El Mayo” Zambada. Tras la muerte oficial de Amado, estos hombres abandonaron la organización y en 2001, cuando Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, se fugó de Puente Grande, ellos mismos retomaron las actividades del viejo cártel de Sinaloa. Ahora son los que mandan, a pesar de que Guzmán Loera ya no está activo.

Y tan poderosos son, que controlan más del 50 por ciento del territorio nacional, dominan el transporte de cocaína en Centro y Sudamérica y tienen presencia en cien países del orbe.

Las acciones de López Obrador frente al narcotráfico han sido tibias, pero no se ha descartado nunca que la estrategia del presidente sea pactar con el crimen organizado para garantizar la pacificación del país. Por un lado esta vía no es negativa, pero el gobierno no la reconoce públicamente a pesar de que la secretaria de Gobernación –Olga Sánchez Cordero –reconoció hace algunos meses que el gobierno de la Cuarta Transformación sí estaba negociando con las organizaciones criminales. “Y vamos muy avanzados”, dijo entonces.

Pero no tardó el revés presidencial. López Obrador negó que estuviera negociando con el crimen, pero es claro que si no hay combate entonces debe haber una estrategia de acercamiento y negociación para devolverle la paz al país. Es impensable que no estén haciendo nada.

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