Nacionales Narcotráfico

OSIEL CÁRDENAS: LA EMPRESA CRIMINAL 

*Mediante complicidades políticas y policíacas construyó el Cártel del Golfo y creó su propio ejército –Los Zetas– el más temible de los grupos criminales, cuyas divisiones dieron origen al Cártel del Noreste, tan pernicioso y violento como los primeros

*Supo aprovechar las complicidades políticas para edificar toda una empresa criminal en Tamaulipas -El Cártel del Golfo-, hasta la fecha uno de los más sólidos del continente latinoamericano que ya es considerado por el gobierno de Estados Unidos como grupo terrorista. Esta es su historia:

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Primera de seis partes)

Ciudad de México.- Desde muy joven, Osiel Cárdenas Guillén mostró su rebeldía dentro y fuera del seno familiar. Llena de limitaciones, su vida y las circunstancias que lo rodearon lo empujaron paulatinamente hacia los caminos del crimen organizado. Su paso fue impetuoso, fulgurante su ascenso.

Tenía apenas 14 años cuando decidió refugiarse en la casa de una de sus hermanas, llamada Lilia, en Reynosa. Poco después inició su trajín por el mundo laboral acicateado por la precariedad que lo rodeaba y empezó a ejercer varios oficios: se empleó como ayudante de mecánico, luego fue mesero, trabajador en una maquiladora…

Terribles años en los que la inconsciencia dominaba el espíritu de aquel adolescente atribulado por la tensión, saturado de rebeldía y de resentimiento con la vida, con la familia, consigo mismo.

Al principio combinaba el trabajo con sus estudios de secundaria, que dejó intempestivamente para casarse con Celia Salinas Aguilar, a quien había conocido poco antes en una maquiladora. Abandonado a su suerte por su familia y sin recursos económicos decidió llevar a su pareja a vivir al taller mecánico donde laboraba como ayudante. Fue allí donde, casi sin darse cuenta, Osiel inició su carrera delictiva, tras engancharse en la venta de “grapas” de cocaína. Esa situación lo condujo inexorablemente al ambiente sórdido que, si bien le proporcionó comodidades gracias a las ganancias que obtenía, a la postre lo enredó en una larga cadena de líos con la justicia.

Su condición agreste y las animadversiones que debía enfrentar lo obnubilaban, aunque, empujado por el coraje, se negaba a entrar en razón. Buscaba pelea, estallaba, aunque no sabía contra quién ni contra qué. Su terquedad era absoluta; su estabilidad, desenfrenada.

De pronto estaba en un lugar, al rato saltaba a otro o se refugiaba con algún familiar, más tarde desaparecía en esas sinuosidades que convierten a los personajes en víctimas de sí mismos y los mueven a la impostura, a camuflarse con identidades falsas. Nada le satisfacía. Su rabia interior lo sacudía, como una fuerza demoníaca, anulaba su voluntad y lo proyectaba hacia los carriles de su destino: el crimen organizado.

Breve fue el lapso que pudo evadir a las autoridades. El 16 de febrero de 1989, a los 21 años, fue detenido por primera vez en Matamoros, acusado de homicidio, abuso de confianza y daños en propiedad ajena. Se le abrió el proceso penal 350/900, pero su buena estrella empezaba a brillar: al día siguiente salió libre tras el pago de una fianza.

La historia se repitió un año después: el 7 de marzo de 1990 Cárdenas Guillén volvió a pisar la cárcel pero sólo de entrada por salida: a pesar de que se le acusó de lesiones y amenazas, logró recuperar su libertad.

Pero la vida le cambió al cumplir 25 años. El 27 de agosto de 1992 fue aprehendido en Brownsville, Texas, y esta vez sí se le integró un proceso –el B-92-00214-01– instruido por un juez de esa ciudad estadunidense por delitos contra la salud: se le habían encontrado dos kilos de cocaína, cantidad suficiente para ser inculpado por narcotráfico.

Por esa causa ingresó al Instituto Correccional de Greatplants y doce meses después fue sentenciado a cinco años de cárcel y al pago de una multa de 50 dólares.

La suerte, sin embargo, lo volvió a proteger. Mediante un intercambio de reos entre México y Estados Unidos, el 2 de enero de 1994, regresó a México y fue internado en el penal de Matamoros; un año más tarde, en abril de 1995, a través de gestiones legales poco claras, obtuvo una preliberación.

Ya en libertad, Osiel continuó sus vínculos con el negocio de la distribución de drogas, al tiempo que se infiltró en la PJF como madrina, lo que le permitió ampliar su entramado de alianzas con dicha corporación.

Poco a poco su nombre fue adquiriendo fama. Como madrina, supo allegarse a los principales comandantes y jefes de grupo, conoció sus gustos, ambiciones, procedimientos y obtuvo la protección que requería para moverse con libertad.

Aunque de bajo rango, su posición en esa corporación policíaca le permitía a menudo codearse con algunos hombres importantes del cártel del Golfo, como José Alonso Pérez de la Rosa, El Amable, a quien él mismo y su amigo Salvador Gómez Herrera, El Chava, solían lavarle su automóvil.

El negocio de las drogas lo hermanó con El Chava; ambos crecieron juntos ahí, ambos enfrentaron los mismos peligros, aunque Osiel siempre se destacó por su habilidad e inteligencia.

Los dos, también, tuvieron su oportunidad con la caída de Juan García Abrego, el célebre capo del cártel del Golfo aprehendido en los albores de sexenio de Ernesto Zedillo. Luego de vivir seis años de esplendor –los que gobernó Carlos Salinas de 1988 a 1994– el imperio que había construido García Abrego se derrumbó. Su poder e impunidad sufrieron los primeros embates del nuevo gobierno, que empezó a cobrarle las facturas a su antecesor: Zedillo no sólo encarceló a Raúl Salinas de Gortari, señalado como uno de los protectores de García Abrego, sino que golpeó la estructura de quien entonces había sido considerado el capo del sexenio.

Luego de varios meses de persecución, en enero de 1996 García Abrego fue aprehendido en Monterrey, Nuevo León. Bajo el argumento de que había nacido en Estados Unidos –aunque tenía acta de nacimiento que lo acreditaba como mexicano–, el gobierno federal agilizó su deportación hacia ese país, a donde llegó un día después de su aprehensión. Actualmente purga varias cadenas perpetuas.

García Abrego había alcanzado la cúspide del poder en el narcotráfico, pero su momento de esplendor había terminado y ahora enfrentaba no sólo los embates del gobierno federal, sino de las organizaciones rivales que pretendían apoderarse de Tamaulipas y de las rutas que conectaban con Estados Unidos. Fue así como se desató la violencia, “se calentó la plaza” y el llamado “Capo del Golfo” empezó a vivir prácticamente a salto de mata, escondido entre Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo y Monterrey. García Abrego, quien se había erigido como un varón de la droga, ya no representaba nada para Los Salinas ni para el cártel de Cali –su principal proveedor de cocaína – y fue abandonado a su suerte

A partir de la detención de su líder, el cártel del Golfo entró en una espiral de inestabilidad que protagonizaron algunos de sus integrantes más ambiciosos. Su hermano Humberto quiso tomar el mando de la organización, pero fracasó. No tenía el liderazgo ni el apoyo de los proveedores colombianos. Además, estaba bajo observación y era ampliamente conocido. Su nombre significaba más de los mismo.

El cártel había dejado de ser confiable debido a la confrontación de sus miembros por el poder y el control de la organización; igualmente fallido fue el intento de Óscar Malherbe, quien incluso fue detenido y liberado, actualmente está desaparecido, aunque se afirma que está muy cerca de Osiel Cárdenas. Hugo Baldomero Medina Garza –conocido como El señor de los trailers–, casi logra rearticular el cártel, pues se mantuvo al frente del negocio durante cuatro años, compartiendo rutas con El Chava Gómez, pero el resto de los miembros de la organización, aunque dispersos, no se aliaron a Medina.

Medina Garza se ganó el sobrenombre debido a la flotilla de tractocamiones que utilizaba para transportar grandes volúmenes de cocaína a Estados Unidos. Esa amplia red de vehículos de carga, cuyas unidades contaban con compartimentos especiales, resultó ideal para el trasiego de la droga: En costales de verduras, empaques de mariscos o escondida en los llamados dobles fondos, los hombres de Medina Garza lograron transportar cerca de cien toneladas de cocaína cada mes sin que sus camiones fueran revisados. Su audacia terminó el 1 de noviembre de 2000, cuando fue detenido en Tampico, Tamaulipas, y encarcelado en el penal de La Palma.

Estos certeros golpes a la estructura del cártel del Golfo envalentonaron a la PGR, que comenzó a pregonar sus triunfos en la lucha por controlar el narcotráfico.

Desde el principio de su gestión, en 1996, el procurador general de la República, José Antonio Lozano Gracia, sentenció que la organización de García Abrego estaba desarticulada. Su coordinador general de Investigaciones en Delincuencia Organizada, José Luis Santiago Vasconcelos, lo secundaba: las piezas de esa organización –decía– están fracturadas, lo que sigue es su desaparición.

Considerado uno de los expertos en el combate al crimen organizado en México y uno de los funcionarios con más antigüedad en la PGR, Santiago Vasconcelos insistía en que el cártel del Golfo era una organización piramidal, con una estructura pesada sin capacidad de movilización y sin liderazgo, pues había perdido la pieza principal: la cabeza.

 “El resto del esquema –puntualizaba– es un desorden: su diseño no permite que todo el grupo se conozca. El que suministra la droga no conoce al responsable del trasiego y éstos, a su vez, no tienen contacto con los lavadores del dinero; así ocurre en todo el conjunto, por lo que el cártel tiende a extinguirse.

En esa coyuntura, al amparo de altos mandos de la Policía Ministerial de Tamaulipas (PME) y de la propia PGR, pronto emergió Osiel Cárdenas como el sucesor de Juan García Abrego. Hacia 1997, su nombre ya era pronunciado con respeto fuera de México y la DEA comenzó a considerarlo como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. En contraste, los altos mandos de la PGR lo veían como un personaje de bajo perfil, impreparado y con una marcada tendencia a la violencia.

Por desconocimiento o por complicidad, la PGR mantuvo esa actitud desdeñosa durante más de un lustro, hasta que la realidad puso los hechos en su exacta dimensión.

Los primeros datos de su historial delictivo recabados por las autoridades federales datan de junio de 1997. El día 7 de ese mes, la PGR empezó a registrar los antecedentes de Cárdenas Guillén. Gracias a los oficios girados por esa dependencia se supo que había sido detenido una vez a causa de la portación de arma prohibida. Al año siguiente, tras ser detenido de nueva cuenta, según consta en el oficio 1802/98, quedó constancia de que había sido procesado por delitos contra la salud a principios de esa década, por lo que estuvo preso del 27 de agosto de 1992 a 1995, aunque inexplicablemente obtuvo su libertad anticipada. En su reclusión estuvo acompañado de sus cómplices: Salvador Gómez Herrera y Alquícires García, expolicía federal de caminos.

En esos registros, los primeros que aparecían en los archivos de la PGR, se describe a Osiel Cárdenas como “un granjero de Matamoros”, y como “exmadrina de la PJF y encargado de las maniobras de corrupción a policías y militares” por parte del cartel que comenzaba a encabezar.

También, según el acta circunstanciada M-61/97-III, se le relacionaba con el delito de secuestro, así como en la usurpación de funciones, uso indebido de uniformes, insignias y siglas oficiales –del Ejército y de la PGR–, de acuerdo con la indagatoria PGRUEDO/013/99.

Su historial delictivo se fue robusteciendo durante la segunda mitad de la década pasada: se le acusó de cometer delitos de lesiones y disparo de arma de fuego  -averiguación 3479/97–; robo en propiedad ajena (1357/97), lesiones, amenazas, disparo de arma de fuego y homicidio en grado de tentativa (1081/97) robo (173/97) y posesión de arma (1404/98).

El 8 de junio de 1998, la PGR solicitó un arraigo de 90 días contra Osiel Cárdenas, Manuel Alquícires García, Jorge Salinas Aguilar y Miguel Ángel Morales Garza o Ángel Salvador Gómez, quienes fueron trasladados a la Ciudad de México. El grupo traía consigo dos armas de uso exclusivo del Ejército.

El expediente se consignó a un juzgado federal el 4 de agosto de 1998, pero sólo fue procesado Alquíceres García, ya que Osiel  y El Chava se fugaron del lugar donde estaban arraigados. Después se supo que habían sobornado a diez elementos de la extinta FEADS encargados de su custodia.

Related posts

¿QUIÉN ERA “EL CHINO ÁNTRAX?

Redaccion

UN MUERTO DE “FOTOGRAFÍA”

Redaccion

60 EJECUTADOS EN EL PAÍS EN VIERNES; OTRO POLICÍA ASESINADO EN GUANAJUATO

Redaccion

Leave a Comment