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PABLO CABAÑAS DÍAZ / SOL YUCATÁN

Grandes maestros: Gérard Pierre-Charles

Gérard Pierre-Charles (1935-2004), no tuvo una infancia fácil. Huérfano a los 10 años, enfermó de tuberculosis y, después, de poliomielitis, lo que lo obligó a usar muletas durante toda su vida. Decía el maestro que, en su provincia, en los años 50, había en total siete automóviles particulares. Por ello, al llegar a la calle principal de la capital de Haití le apasionó: el tránsito, los carteles luminosos, la cantidad de gente en las calles, la hermosura de los patios, prados y colores de las casas de los barrios ricos. La impresión que le produjo Puerto Príncipe no le fue borrada ni por la modernidad de La Habana de esos años, que descubrió saliendo de Haití, huyendo de la dictadura de los Duvalier a principios de los años 60, ni por las dimensiones de la Ciudad de México a donde fue a parar; ni por las grandes avenidas, y los magníficos monumentos de París, Moscú, Montreal, Nueva York.

Su exilió en México, fue de 26 años en los que ejerció la docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue autor de varios libros relacionados con la problemática haitiana, en particular Radiografía de una dictadura, en el que analiza el periodo del dictador, Jean-Claude Baby DocDuvalier, y fue gracias a su trabajo considerado como uno de los grandes intelectuales del Caribe.

Regresó a Haití tras la caída de la dictadura de Duvalier en 1986 y se incorporó a la lucha en favor de la democratización de su país. Tras la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, apoyó la candidatura del movimiento Lavalas, encabezado por un joven sacerdote comprometido con la teología de la liberación, Jean-Bertrand Aristide, que resultó ser el presidente en diciembre de 1990. Pero pronto aparecieron las divergencias entre ambos. Contra la voluntad de Aristide, Pierre-Charles trabajó en convertir al movimiento Lavalas en un partido moderno. La ruptura se consumó en el año 2000, cuando Aristide obtuvo un segundo mandato presidencial, pero Pierre-Charles denunció la deriva dictatorial de ese gobierno.

Fue maestro de varias generaciones en la UNAM, en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Ciencias Políticas y Sociales, era reconocido por sus clases, y por sus profundos conocimientos sobre el Caribe. Junto con su esposa la académica Suzy Castor dieron al Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM la fortaleza necesaria para estar presentes en las principales publicaciones académicas del mundo.

En 2003, académicos de latinoamericana y otras partes del mundo, propusieron su candidatura al premio Nobel de la Paz. Esto ocurrió cuando él tenía ya un buen número de años de haber dejado México para regresar a Haití. La candidatura logró adquirir un vigoroso respaldo internacional; pero no llegó a obtener ese reconocimiento. Aun así, que se le haya propuesto para esa importante distinción universal habla de un perfil de incuestionable envergadura y de una personalidad comprometida con el progreso del género humano, cualidades que fueron equivalentes a su destacado papel como analista de la realidad de su tiempo. Lo cierto es que por tales méritos indiscutibles obtuvo diversos reconocimientos internacionales; uno de los últimos fue la medalla del Águila Azteca que le otorgara el gobierno mexicano en enero de 2003.

Su trabajo académico comprende estudios que son primordiales para comprender a nuestro continente en el siglo XX, entre sus obras destaca: El Caribe contemporáneo (1981), el cual ofrece una penetrante visión de conjunto acerca de las naciones que integran esa región del subcontinente.  También resalta su obra El pensamiento sociopolítico moderno en el Caribe (1985) y el titulado Problemas dominico-haitianos y del Caribe (1973). El legado de Gérard Pierre-Charles fue extenso y profundo, al tiempo que sus ensayos y trabajos de investigación siguen teniendo vigencia.

 

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