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PROGRESO: 80 AÑOS DE CASADOS… Y VIVEN PARA FESTEJARLO

Redacción/Sol Yucatán

 

Progreso, 16 de diciembre. – Un matrimonio de Progreso podría pasar a la historia y ser declarado como el más longevo del mundo.

Los esposos Eladio Casanova Gómez e Inés Martínez Pérez, de 102 años y 95 años de edad, respectivamente, y vecinos de este puerto, cumplieron hoy 80 años de matrimonio, pues se casaron un 15 de diciembre de 1940.

Con esto, serían el matrimonio vivo más longevo del mundo, pues un matrimonio de Texas, Estados Unidos, que ostentaba ese mismo récord, pasó a la historia luego de que uno de sus integrantes falleciera este mismo año.

De este modo, la pareja de progreseños ocuparía ese lugar privilegiado como el matrimonio vivo más antiguo del mundo.

Pese a la pandemia, la pareja celebró acompañada de su familia cercana con un rico pastel.

Los esposos Eladio e Inés tienen una descendencia de 87 personas entre hijos nietos, bisnietos y tataranietos.

Son así, uno de los matrimonios más sólidos de este municipio, donde las visitas se realizaron de forma escalonada para evitar aglomeraciones.

Don Eladio dijo que el matrimonio es para toda la vida, debido a que hay que saberles inculcar valores y responsabilidades a los hijos, algo que lamentablemente se ha quedado en el olvido donde ahora vemos que los hijos les pierden el respeto a sus progenitores.

Don Eladio menciona que este contrajo nupcias con el amor de toda su vida a la edad de 20 años, cuando doña Inés apenas tenía 15 años.

Aun con los años transcurridos, disfrutan de ver televisión en su hogar donde son visitados por sus hijos, aunque son muchos y cada quien, de acuerdo a sus tiempos, están pendientes de ellos.

Don Eladio, quien fue albañil y después contratista, explica que para casarse tuvo que tener el aval de maestro albañil, en aquellos años cuando las construcciones se realizaban de cal y arena, no había cemento, la cal se obtenía después de quemar la piedra con carbón.

Aun no se inventaban los bloques ni armados de acero todo era en la construcción con cal piedra y arena, al igual que las herramientas eran de madera no había las cucharas de albañil de esta manera se trabajaba.

La familia inicia con la llegada de su primera hija, María Elena, después, Lidia María, el tercero fue mi hijo José Martín, José Fernando, Eladio, Jaime Javier y por último Jorge Enrique.

Haciendo un total de 7 hijos, 19 nietos, 55 biznietos y 6 tataranietos o sea que tenemos una descendencia de 87 personas en realidad es una verdadera bendición tener tantos frutos de nuestro árbol, revelan ambos esposos.

Con mi esposa todos mis hijos son hombres y mujeres trabajadoras, amas de casa y padres de familia cada quien, con su oficio, pero guían a su familia con el respeto correspondiente, con las bases que nosotros como padres les supimos dar.

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