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SUEÑOS, MISTERIOS Y SECRETOS: 5 INTRIGANTES MUERTES DE HOLLYWOOD

Redacción/Sol Yucatán

Los Ángeles.- Hollywood, la icónica meca del cine, es una tierra que encierra contrastantes realidades. Ya sea en las fascinantes alfombras rojas o en los estudios de grabación, las estrellas brillan por luz propia, a la par que sus vidas siguen siendo intrigantes.

Pero al igual que en todos lados, la muerte siempre está al acecho. A la vuelta de la esquina, en el clóset de un costoso hotel o en el baño de una lujosa y desordenada mansión en Hollywood. La muerte siempre está a la espera, como el asesino que busca aventajar a su víctima para darle un final sin vuelta atrás.

Brittany Murphy, más de una teoría sobre su muerte

Ante los ojos de la prensa y de Hollywood, la muerte de Bittany Murphy el 20 de diciembre de 2009 fue el desenlace, por demás cliché, de una conocida película. Pero la realidad de la muerte de Brittany era mucho más compleja.

Brittany había volado de regreso a Los Ángeles, California, luego de que tuvo problemas con el equipo de producción de una película en la que trabajaba. Regresó a casa con una fuerte infección en el sistema respiratorio que inmediatamente la tumbó en cama; después, todo fue en picada.

Aquella mañana de diciembre, cuando falleció, Brittany ya llevaba cuatro días postrada. Apenas podía respirar y sus síntomas, de acuerdo con el documental Autopsy: The Final Hours Of Brittany Murphy, incluían confusión y rigidez en el pecho.

Expertos señalaron que, de haber sido tratada con antibióticos un poco antes, habría sobrevivido. Pero Murphy no fue atendida a tiempo y falleció en el Centro Médico Cedars-Sinai a los 32 años de edad. La causa oficial de su muerte: intoxicación por fármacos, una neumonía aguda y una deficiencia de hierro en la sangre por anemia.

Después de su muerte, se dispararon una serie de especulaciones sobre su deceso. Más allá de la anorexia y las drogas, que habían sido insistentemente negadas por ella en vida, algunos apuntaban a la posibilidad de un envenenamiento, pues habían encontrado grandes cantidades de metales pesados en el cabello de la actriz.

David Carradine, placer al extremo

Apenas se reportó que el actor David Carradine fue hallado muerto en una lujosa habitación de hotel durante su estadía en Bangkok el 3 de junio del 2010, comenzaron a surgir detalles de su escabroso deceso y lo que apuntaba a un asesinato o un homicidio, pronto dio paso a la verdad: un accidente erótico que le costó la vida.

El actor de 72 años fue encontrado por el personal de limpieza en una habitación del hotel Swissotel Nai Lert Park, con un cordón de nailon amarrado al cuello, a los genitales. Pronto, la primera hipótesis policial apuntó a que ‘Bill’, en la cinta de Quentin Tarantino Kill Bill, había decidido quitarse la vida.

No obstante, aunque David había contado de un intento de suicido años atrás, la familia negó rápidamente esa posibilidad. Dicho escenario abrió camino a otra posible causa de muerte: un homicidio.

“Creo que fue asesinado, que fue el objetivo de alguien. Alguien que entró a la habitación sin permiso. O puede que se aburriera, fuera al pueblo y trajera a alguien a la habitación. No creo que estuviera solo”, dijo Marina Anderson, esposa desde 1998 hasta 2001 del actor.

Aquello quizá tuvo sustento en una huella que encontraron las autoridades sobre las sábanas que cubrían la cama en donde dormía el actor. Al mismo tiempo, mientas se hacían las investigaciones correspondientes, las fotografías del cuerpo de Carradine se filtraron a la prensa tailandesa.

Elizabeth Short “La Dalia Negra”, un perturbador desenlace

Mucho se ha escrito sobre el asesinato y vida de Elizabeth Short. La mujer que buscaba la fama y cuyo asesinato fue tan brutal que sigue inspirando piezas en la cultura pop y el mundo del entretenimiento. Pero detrás que aquel nombre, “La Dalia Negra”, estuvo una mujer de tan solo 22 años cuyos sueños se vieron frustrados por un sádico hombre que la cortó por la mitad.

En 1947, el sueño de Elizabeth de triunfar por su indiscutible belleza, de cabello negro y ojos azules profundos, se veía cada vez más lejos. Antes había probado suerte al sur de California, en donde vivió con su padre después de despedirse de su familia en Boston, y en Florida. Pero no había llegado a mucho.

Ahora, vivía en hoteles baratos y pensiones de la ciudad de Los Ángeles. Justamente fue en uno de esos lugares en donde se le vio por última vez. El 9 de enero de 1947, Elizabeth, o “Beth” como la llamaba su familia, fue vista en el bar del Hotel Cecil. A las diez de la noche dejó el recinto y seis días después, su cuerpo fue descubierto por una mujer que lo confundió con un maniquí roto.

No había ni una gota de sangre en el lugar, el cuerpo había sido seccionado por la mitad y la habían drenado la sangre en su totalidad. Al cadáver le hacían falta tantas cosas; le habían arrancado el brazo, el corazón y los intestinos. Tenía mutilado el pezón izquierdo y en la vagina tenía un trozo de su cuerpo. El rostro tenía una cortadura desde la comisura de los labios hasta las orejas.

Asfixiada, con las piernas fracturadas y marcas en las muñecas y tobillos; todo aquello indicaba que la habían torturado hasta la muerte. Entonces en Los Ángeles hubo una fuerte conmoción. La policía tomó el caso, pero no tuvo muchos avances para encontrar al asesino, quien, por demás sádico, se comunicaba con ellos para darles alguna pista y sacudir el caso.

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