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VIVIENDAS, BOMBA DE TIEMPO

*La ambición de los empresarios de la construcción pone en peligro la vida de propietarios por el uso de cemento de pésima calidad, importado de Egipto y Turquía, para la edificación de casas en fraccionamientos, cuyos moradores corren grave riesgo

*Se trajeron 252 mil sacos de este material tóxico, que pone en peligro la vida de los albañiles; en segundo, los habitantes del inmueble, y tercero, de los transeúntes

*El 17 de febrero de 2019 se registró el desplome de la cornisa del restaurante Mocambo, en Progreso, que costó la vida de tres personas, debido a que el inmueble fue construido con cemento importado

*El especialista de la Cinvestav, Romeo de Coss Gómez, advirtió que numerosos edificios de Progreso están en riesgo de derrumbarse, debido a los efectos de la corrosión costera

*El producto fue comprado por el expresidente de la Canadevi en Yucatán, Armando Valencia Castillo. El defensor, Juan Moo Moo, no da el nombre de los fraccionamientos para no alarmar a las familias que viven allí

Redacción/Sol Yucatán

Mérida. – La salud de los alarifes de Yucatán está en riesgo ante la ambición de los empresarios de la construcción, al adquirir cemento importado de baja calidad, situación que empeora a consecuencia de la desidia de las autoridades estatales y federales, ya que las denuncias interpuestas permanecen estancadas desde hace dos años.

Asimismo, en los últimos años es notable la precaria calidad de las viviendas del Estado, debido al tipo de material de construcción que se utiliza, pues los empresarios le apuestan a lo más barato y, en el caso del cemento de importación, su empleo afecta la salud de los trabajadores de la pala y la cuchara.

Pese las advertencias de diversas asociaciones y sindicatos, el sector empresarial y gubernamental las ignoró, por lo que continuó la adquisición de material de construcción elaborado en otros países, en lugar de apostar por la producción nacional.

La problemática inició en agosto de 2018, cuando se reportó que cerca de dos decenas de albañiles presentaron intoxicaciones en diversas partes de la piel tras tener contacto con cemento egipcio y, meses después, el mismo fenómeno ocurrió con producto originario de Turquía.

En su momento, el defensor de los albañiles afectados, Juan Moo Moo, denunció que los alarifes sufrieron de ronchas, comezón y quemaduras en la piel, con el manejo del cemento egipcio «Arabian Cement».

Desafortunadamente, están congeladas las denuncias que el 27 de julio de 2018 interpuso ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), en la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY), así como en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS), sobre los daños que ocasiona dicho producto de construcción.

Posteriormente, los contratistas Arquímedes Sánchez de la Cruz y Jorge Pérez Corona interpusieron una denuncia ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), al afirmar que el cemento egipcio no trae el contenido establecido, es de baja calidad, el producto se vende en frágiles empaques y si lo dejas en algún sitio húmedo enseguida se endurece, además de la afectación económica.

Incluso, a pesar que ratificó la querella, nunca se realizó el respectivo análisis para verificar la calidad del producto.

En la denuncia interpuesta ante la Cofepris y la STSP se solicitó una inspección laboral en la bodega de la empresa «Comercio para el Desarrollo Mexicano del Sureste (CDMS)», ubicada en el kilómetro 10 de la carretera Mérida-Cancún, específicamente, en el tramo Teya-San Pedro, así como en los sitios donde se maneja el cemento importado, pero nunca se efectuó la respectiva acción.

Moo Moo estableció que solicitó una inspección laboral en dicha bodega, así como en los sitios donde se maneja dicho cemento.

Abundó que «tanto en la Secretaría de Salud como en la del Trabajo dijeron que iban a atender el problema, pero hasta el momento no hay avance alguno».

Detalló que en el documento estableció que dicho problema de intoxicación «ya se lo dijimos a nuestro patrón, pero no nos hace caso, por eso queremos que nos ayuden, pues por la necesidad debemos trabajar sin protección y eso nos causa daños en la piel».

Sin embargo, «por quejarnos nos corren sin dar a los compañeros una compensación, al menos por el tiempo laborado o por los daños a la salud sufridos», acotó.

Recordó que los albañiles afectados mejoraron su salud al cabo de unos días, pero «ya no querían trabajar con ese cemento, porque temían que se vuelvan a intoxicar».

«Varios de nosotros tenemos muchos años trabajando de alarifes y nunca habíamos tenidos problemas al manejar con cemento, hasta que se empezó a utilizar el material importado, que es hasta 50 por ciento más barato», subrayó.

Tras la detección de los primeros casos de intoxicación, los albañiles empezaron a tomar las precauciones necesarias para evitar un daño a su salud, por lo que se ponían mangas de tela, camisas de manga larga y guantes.

Explicó que los daños aparecen cuando se maneja directamente el cemento importado, principalmente, cuando se prepara la mezcla y al salpicar cae en la piel del trabajador.

«Qué más nos queda, estamos al día y no tenemos otra opción más que trabajar con lo que se tiene», abundó.

Comentó que luego de interponer las respectivas denuncias recibió poco más de 10 llamadas telefónicas, en las cuales «me amenazaron de diversas maneras, hasta con quitarme la vida».

Expresó que a través de su teléfono celular, desconocidos lo contactaron para decirle: «¡no sabes con quién te estás metiendo!», así como también «¡no sabes quién tiene el poder!», entre otras expresiones.
Aclaró que ignora quién lo amenaza, ya que en la pantalla de su teléfono móvil sólo aparece «número desconocido» o «número cifrado».

El declarante explicó que el producto fue comprado por el expresidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de la Vivienda (Canadevi) en Yucatán, Armando Valencia Castillo, a quien «no le importa si es de poca calidad o si daña la salud de los albañiles».

Reconoció que la denuncia pública enojó a los integrantes de la Canadevi, pero «si por mis declaraciones están molestos, ni modos… sólo pedí que se realice un estudio para verificar si el cemento extranjero es la causa del problema de salud entre los albañiles».

En su momento, Valencia Castillo refutó las acusaciones y aseveró que hasta ahora ninguno de los mil 500 alarifes con que cuenta en las más de 50 desarrollos habitacionales de la Canadevi ha presentado problemas de salud relacionados con el empleo del cemento egipcio.

Aclaró que la Canadevi compró la mitad del embarque, es decir, 120 mil sacos, y la otra parte, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).

El 13 de diciembre de 2018, a través de las redes sociales, la Administración Portuaria Integral (API) en Progreso, informó del arribo del buque «Sofía R», con bandera de Liberia, el cual atracó en el muelle 5 Norte de la Terminal Remota para descargar 12 mil toneladas de cemento proveniente de Egipto.

Por ende, es la segunda importación de este producto, pues la anterior se registró el año pasado y fue en Turquía donde se adquirieron 240 mil sacos del «Arabian Cement».

En la primera ocasión, la Canadevi en Yucatán adquirió 120 mil sacos y cifra similar fue comprada por la CMIC.

La tercera denuncia

El 21 de abril de 2019 los contratistas Arquímedes Sánchez de la Cruz y Jorge Pérez Corona acudieron a la Profeco Yucatán para ratificar la denuncia interpuesta en contra de la empresa «Arabian Cement», ya que la dependencia se abstuvo a efectuar una investigación en torno a las irregularidades que prevalecen con éste producto.

Los afectados establecieron que para evitar que se diera un carpetazo a la problemática, nuevamente acudieron a la dependencia para ratificar la querella.

Pérez Corona recordó que a mediados de marzo pasado, ambos acudieron a la dependencia federal para interponer una queja por las anomalías que tiene «Arabian Cement», posteriormente, el 5 de abril ratificaron la denuncia y, al acudir dos semanas después para conocer el avance, les manifestaron que todavía no efectuaban el respectivo trabajo.

Es decir, los inspectores de la Profeco no efectuaron las actividades para verificar la querella establecida en torno a las anomalías que prevalecen en dicho producto de importación.

Sánchez de la Cruz lamentó el burocratismo que prevalece en la dependencia, actitud que afecta a albañiles que adquieren dicho cemento, en detrimento de su bolsillo.

Ante la instancia, solicitó se verifique a la empresa que distribuye dicho producto de importación, ubicada en el kilómetro 16.7 de la carretera Mérida-Progreso.

De acuerdo con la querella, «el cemento carece de las características adecuadas que debe de contar un producto de importación».

Explicó que el bulto de «Arabian Cement» establece que tiene 50 kilos, pero «ya pesamos varios sacos y tienen entre 49.1 y 49.4 kilogramos, por lo que el producto está incompleto».

Agregó que el producto lo dan en bolsas de nailon, por lo que «la envoltura se rompe con mucha facilidad».
Es decir, «no cumple con las características que corresponde a un cemento de importación. Las marcas nacionales tienen una mejor presentación y calidad».

Reconoció que compró el producto por el precio barato del cemento, dado que realiza obras grandes, pero tras la compra se dio cuenta que tiene diversas anomalías, como el pesaje incompleto y la presentación.

Cemento turco

En agosto de 2019, empresarios yucatecos importaron toneladas de cemento de origen turco, adquirido para uso exclusivo de la Canadevi, para la construcción de miles de casas en el Estado, reveló el constructor René Matos Chi.

En un principio, el cemento «Goltas» no estaba a la venta al público, pero sí a disposición de los integrantes de la Canadevi, que desarrollan fraccionamientos en el Estado.

Afirmó que al igual que el cemento egipcio, el producto importado de Turquía es de precaria calidad, según se ha constatado en las diversas obras realizadas recientemente, para la construcción de casas de interés social.

Denunció que los constructores buscan un ahorro sin tomar en cuenta que al abaratar las casas sólo provocan la baja calidad de las viviendas que entregarán.

Comentó que, al igual que otros alarifes, experimentaron y cercioraron que tanto el cemento egipcio como el turco «no reúnen los estándares de calidad y son más baratos que los productos nacionales».

Remarcó que, en un principio, los integrantes de la Canadevi anunciaron que adquirirían y utilizarían el cemento egipcio para disminuir el costo de las viviendas, sin embargo, hasta el momento no se aplica ese compromiso.

El mismo fenómeno ocurre con el cemento turco, que es más barato que el egipcio, y los más beneficiados son los empresarios, ante el aumento del costo de las viviendas.

Es decir, las casas son cada vez más caras y de menor calidad, por ende, es mayor el riesgo para los futuros propietarios, se advirtió.

Apoyo de líderes

Desde un principio, el Secretario General del Sindicato de Terraceros y Trabajadores de la Construcción, Similares y Conexos de Yucatán, Eusebio Moo Tec, advirtió que los alarifes corren riesgo de intoxicación con el manejo de cemento importado, por lo que destacó la importancia de investigar la veracidad de estas quejas para deslindar responsabilidades.

Expresó que, al menos en su organización, donde unos 400 alarifes laboraban en cinco desarrollos habitacionales, no se ha reportado caso alguno de intoxicación.
Sin embargo, consideró de importante el contar con estudios que determinen sobre el riesgo que puede acarrear el uso del cemento importado de Turquía.

Por lo pronto, en todas las obras donde laboran sus agremiados se utiliza cemento mexicano, es decir, los encargados de las obras han hecho a un lado el producto de importación, el cual es más barato.

Por su parte, el dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Pedro Oxté Conrrado, manifestó que desde un principio prestó atención a las quejas de los sindicatos de construcción afiliados, relacionadas a las quemaduras y excoriaciones que sufren con el empleo de tal producto.

De tal manera, recomendó a la Canadevi a tomar en cuenta la salud de los trabajadores, así como procurar que las casas que se venden a los trabajadores sean de calidad.

«En su búsqueda de bajar costos, los empresarios no deben atentar contra el patrimonio de los trabajadores y en contra de la salud de los alarifes», acotó el dirigente.

Reconoció que, actualmente, el cemento mexicano es caro, pero es el más adecuado para el tipo de construcciones que se realizan en Yucatán.

Sin embargo, existen productos nuevos y baratos que son utilizados por los empresarios de la construcción de vivienda social, pero desconocen la calidad de los insumos.

El Secretario General del Sindicato de Alarifes del Estado de Yucatán, Heriberto Eulalio Cahuich Canul, fue el tercer líder sindical que se opuso al manejo de dicho producto egipcio, ya que la salud de los albañiles yucatecos estaba en riesgo.

Enfatizó que la composición química es el principal factor de intoxicación, situación que se complica debido a las condiciones climáticas que prevalece en la región, además que los trabajadores están más acostumbrados al producto nacional.

Convocó a las autoridades de salud a efectuar un estudio para confirmar el grado de toxicidad del cemento de exportación, para evitar un mayor daño a los trabajadores de la pala y la cuchara.

«Los alarifes yucatecos no están acostumbrados a ese tipo de cemento (procedente de Egipto), el cual les provoca intoxicación debido a que tienen otros componentes químicos que los nacionales carecen», acotó.

Comentó que el calor provoca que dicho producto de construcción se vuelva más corrosivo, cuyos efectos se observan en la piel, además que provoca hinchazón en diversas partes del cuerpo, así como excoriaciones.

Lamentó la actitud del empresario, quien por comprar barato ponga en riesgo la salud de los trabajadores.
«Aunque no es conveniente, los empresarios lo compran, ya que es más económico, sin importarles que es dañino y tiene consecuencia en los albañiles», subrayó.

Remarcó que, en su caso, los empresarios a los que trabajan confían más en el cemento nacional, por lo que pidió a la iniciativa privada a no adquirir el importado.

«Desafortunadamente, el trabajador no puede decidir la marca de cemento que debe de utilizar y se conformar a trabajar con el material que le dan», abundó.

Posteriormente, el integrante del Sindicato de Transportistas de Contenedores y Carga en General, Javier Cahuich Petún, expresó que, a principios de 2020, la importación de cemento procedente de Turquía y Egipto, principalmente, puso en riesgo la salud y la economía de los yucatecos, ya que el producto se transportó a pesar de la prevalencia del Covid-19.

Remarcó que es notable la actividad de transporte del producto, la cual se realiza sin el respectivo protocolo de sanidad, ya que el material procede de países también infectados por el microorganismo.

«En primer lugar, la fuerte polémica fue por la dudosa calidad del producto, pero ahora, los empresarios ponen en riesgo la salud de los yucatecos, así como del comercio local», abundó.

Caso reciente

El 10 de diciembre de 2020, resurgió la polémica en contra de la industria de la vivienda, cuando un grupo de alarifes denunció el uso de cemento de mala calidad para la construcción de casas en Mérida y, en esta ocasión, se trata de un producto nacional.

El contratista Darío Poot, de la constructora «Alvade», advirtió que interpuso una querella ante la Profeco, por la mala calidad del cemento «Magno», el cual es distribuido, al menos en Yucatán, por el «Grupo Gorsa».
Descartó dar a conocer el nombre de los fraccionamientos en los cuales se utiliza dicho producto, «por temor a que las familias que ya dieron enganche de las viviendas se nos vengan encima».

De acuerdo con la página electrónica de la empresa que fabrica el cemento «Magno», es el «Cemento Portland compuesto, gris, clase resistente, 30 rápida, que supera las especificaciones de la Norma Mexicana NMX-C-414-ONNCCE vigente».

De acuerdo con el declarante, «el cemento es de peor calidad que los importados, el margen de consistencia es muy mala, pues lo mismo que con los otros cementos (de importación, específicamente el egipcio) los compraron en vastedad por ser barato, pero a la hora de construir no fraguó».

«No se comparan en nada a otros cementos nacionales…, no entiendo cómo es que está a la venta si es un producto que no cumple con los estándares de calidad», acotó.

Secuelas de la mala calidad

El 17 de febrero de 2019 se registró el desplome de la cornisa del restaurante Mocambo, en Puerto Progreso, que costó la vida de tres personas, debido a que el inmueble fue construido con material de mala calidad, al parecer con cemento importado.

Ante los hechos ocurridos, el especialista de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Romeo de Coss Gómez, advirtió que numerosos edificios de Progreso están en riesgo de presentar derrumbes, debido a los efectos de la corrosión costera.

Incluso, la situación se complica con el manejo de insumos de baja calidad, ya que muchos comerciantes optan por «material barato», sin tomar en cuenta las condiciones naturales del lugar.

Tal accidente demostró el grave peligro que corren los pobladores, así como el turismo, de ahí la importancia de efectuar un censo del riesgo que prevalece en los inmuebles.

«La duración de una casa en la zona costera es 50 por ciento inferior con respecto a las construidas en Mérida», acotó.

«Una casa dura menos conforme se acerca a la costa, tomando en cuenta que todas son construidas con la misma técnica y materiales, por lo que hay un aceleramiento en su deterioro», subrayó.
Indicó que el cambio climático acelera el deterioro de los edificios que están en los puertos, fenómeno que no es tomado en cuenta durante la construcción de un inmueble.

Enfatizó que el material de construcción de baja calidad, como lo es el cemento egipcio y el turco, así como el fenómeno de la corrosión, provocan que la infraestructura tenga un acelerado deterioro.

Finalmente, Moo Moo resaltó que la problemática es mayor con el empleo de insumos de mala calidad, tal el caso del «Arabian Cement», aunado que el material que se requiere en la costa es diferente al que se necesita en Mérida.

Además de la precaria calidad, el cemento importado provoca intoxicación a las personas que lo utilizan, tal como ocurrió con alarifes de Mérida y Kanasín.

«El uso de material de dudosa procedencia pone en riesgo la vida de las personas, en primero, la de los albañiles que tienen contacto directo con el cemento de importación; en segundo, los habitantes del inmueble, y tercero, de los transeúntes», añadió.

El defensor de los alarifes afectados por el cemento egipcio resaltó la importancia de no utilizar material «patito», ya que de esta manera se evita el riesgo de accidentes que pongan en riesgo a las personas.

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